Celebrar con Sentido

Las Navidades, esas fechas anuales que tanta controversia generan últimamente.

Y es que hay que reconocer que lo que ha quedado en la mayoría son costumbres insulsas y carentes de sentido, por las cuales nos dejamos llevar en estos tiempos, costumbres que han perdido su conexión con las claves ancestrales para festejar la vida y  la esperanza,  y nos han convertido en seres que sólo se entienden en un consumo impuesto y carente de fondo. La necesidad de compartir la mesa, festejar que justo cuando parece que el sol está a punto de extinguirse, vuelve a nacer y a imponerse sobre la noche, o el deseo profundo de establecer una fecha especial en la que reencontrarnos y hacernos regalos, surge de una necesidad innata del ser humano de buscar simbologías que le ayuden a trascender lo concreto, festividades que nos refresquen la alegría y excusas que den luz a la cotidianidad.

Las fechas del solsticio de invierno, en el cual se celebra las noches más largas del año, siempre han tenido importancia para muchas culturas de todos los tiempos. Y ya se la llame Navidad, fiesta del Sol Invicto, fiesta de las Madres o cualquiera de las decenas de fiestas que existen por todo el mundo, lo importante es resaltar y sacar aprendizaje de lo que se quiere celebrar, ya que nuestra Navidad no es más que un sincretismo de varias de esas tradiciones paganas anteriores a nuestra era, que ayudan a cargar aún más de sentido el nacimiento de Jesús y las supuestas circunstancias en que lo hizo. Rasgos comunes como la presencia de una figura femenina que da a luz la nueva vida y con ella la esperanza y la justicia, o la figura de Noel basada en Thor, un dios bueno que cuidaba de todos los humanos, son símbolos para resaltar el valor de la hospitalidad y el cuidado mutuo también conocido como solidaridad.

Alfredo Martorell defiende que desde la fecha hasta el árbol, desde los villancicos hasta los regalos, la Navidad es un antiguo rito pagano, hondamente religioso (sólo los ignorantes pueden negar la existencia de una religiosidad pagana), que el cristianismo, en Europa, adoptó con toda naturalidad. Tienen razón quienes hoy se lamentan por la pérdida del sentido originario de la Navidad por la comercialización rampante de los usos navideños. Pero no es el Sol Invicto quien va a matar a Jesús, asegura Martorell, sino que es Mammon, el dios del dinero, quien parece haber exterminado a los dos. Porque llenar de sentido y de vida los símbolos hace que ellos nos den sentido a nosotros, pero adorar símbolos e ídolos sin raíces en los valores más profundos, es abocarnos al desamparo junto con las generaciones futuras.

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Carmen Murillo

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