¿Centro comercial?

LA tendera de debajo de mi casa es un ejemplo de cómo el modelo de comercio impulsado en la ciudad está acabando con su negocio. Para sacar lo imprescindible para subsistir ha de trabajar jornadas eternas, y aún así vive atenazada por la suerte de otros comercios que han tenido que echar el cierre. Hoy, me confiesa, lleva todo el día rumiando la noticia de la apertura del nuevo centro comercial, y no para de quejarse de ese concejal que lanza a los cuatro vientos los miles de puestos de trabajo que van a llegar a Huelva -lo mismo dijo hace años con el Aqualon y ahí está, agonizando.

Parece claro que nuevamente el bombón está servido y no deja mirar más allá. En este caso se llama 1.500 puestos de trabajo, y ahí se acaban todas las consideraciones, sólo habla la necesidad. A mí, sin embargo, me asaltan miles de dudas. Me pregunto si el Ayuntamiento, que aplaude la iniciativa, se ha planteado el modelo de ciudad que quiere desarrollar. Y me refiero a cuestiones como la necesidad de trasladarse en vehículo para ir a comprar o al cine, la pérdida del comercio de proximidad que tanto humaniza a la ciudad, la concentración periférica de recursos, y más teniendo en cuenta el estado en el que está el anterior centro comercial inaugurado. Me pregunto incluso qué opinión tendrán los vecinos del nuevo megacentro, que tanto se quejaron de la construcción de un peligrosísimo centro de inserción al lado. Y no introduzco detalles cOmo qué tipo de contratos van a generarse y de dónde proceden. Como he dicho, muchas preguntas que chocan con el optimismo desplegado y que echan en falta una conciencia crítica ciudadana más extendida. La realidad no puede disfrazarse con titulares antidepresivos y la cohesión ciudadana no puede depender de espacios maravillosos donde consumir.

Huelva suele llegar tarde a todas aquellas tendencias urbanísticas encaminadas a mejorar el bienestar ciudadano. Llegamos tarde a la reflexión de la industria contaminante aledaña a la ciudad y todavía la sufrimos; también al diseño de barriadas sostenibles y diversificadas; incluso lo hemos hecho al del impulso de la bicicleta como medio de transporte, parcheando toda la ciudad. A esto de los megacentros comerciales y su insostenibilidad, también. Es fundamental pensar primero qué ciudad queremos desde los principios de eficiencia, habitabilidad y cohesión social, y después apostar por ella sin ambages.

El crecimiento de la ciudad de forma expansiva provoca un aumento del consumo de recursos, un aumento de la contaminación y una dispersión ciudadana inconveniente. ¿Es eso lo que queremos?

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Andrés García

voluntario de 2Orillas, participa de la columna de prensa "La otra orilla" y del programa de radio "Señales de Humo"

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