Ciudadanos con coraje

Vivimos por ciclos. Y agotar los últimos días de agosto es cerrar uno de ellos. Empieza un curso nuevo, una nueva etapa, un paso más. Habrá gente que se hizo ilusiones, esperando que el verano se llevará todo lo malo, que la crisis aflojara, que repuntará el empleo, cosas de ese tipo. Pero el verano no se ha llevado nada, incluso se han acumulado malas noticias que ahora hay que digerir en frío. Lástima. Pero por otra parte esto de vivir no permite hacer pausas, ni retrocesos, así que sólo nos queda afrontar los días que hay por delante.

Va a resultar muy difícil: por un lado cada vez hay más gente en las cunetas, vecinos, familiares, compañeros que se quedaron si empleo, sin vivienda, sin ayudas. Y que llaman a todas las puertas disponibles reclamando respuestas, solidaridad, esperanza. Toda esa gente no se puede quedar ahí, porque mañana, cuando salgamos de este maldito bache alguien nos preguntará “¿y el resto?”, y no podremos vivir con esa vergüenza. (Nota: sé que hay algunos dispuestos a dejar en la cuneta a quien sea, con tal de salvar su trasero, espero que sean minoría, y en cualquier caso no van con ellos este artículo)

Va a resultar muy difícil: el panorama político es endiablado, con un Gobierno gestionando la caótica situación financiera a base de recortes a las clases más vulnerables, con una oposición débil y sin ideas, con movimientos sociales que difícilmente gestionan las expectativas que generan, con una mayoría de la población confusa y agobiada, con la espada de Damocles de los Mercados pendiendo sobre todos nosotros. Da la impresión de que, nos movamos en la dirección que nos movamos, los pies se nos hundirán.

Va a resultar muy difícil: porque muchas de las soluciones que se precisan necesitarán ciudadanos muy maduros, dispuestos a hacer sacrificios, e instituciones que no se defiendan como tales y busquen esa cosa del bien común (se me antoja que esto segundo es infinitamente más complicado). Nada va a ser como antes, y las sociedades se resisten a cambios sustanciales, entre otras cosas porque nos inoculan convenientemente miedo, mucho miedo. Pero hay que ser capaces de recrear un sistema más humano, más sostenible, más razonable, más justo.

Esto es lo que hay. Agosto se acaba y nos espera la misma tormenta que dejamos al comenzar el verano. Va a resultar muy difícil, pero eso debería hacer que comencemos con más ganas, y no con más miedo. Deberíamos encontrar un numero suficiente de ciudadanos capaces de enfrentarse a este nuevo ciclo con el suficiente coraje: lo demás vendrá solo.

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Gonzalo Revilla

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