¿Ciudadanos en crisis?

¿Cómo nos afecta esta crisis tan trillada? Deberíamos empezar a preguntarnos qué está cambiando en nuestras cabezas, en nuestras expectativas, en nuestros corazones. Todas las épocas oscuras y de transición han generado cambios psicológicos en las personas que las han vivido.

Cuando una parte repite la forma del conjunto, pudiendo ser una copia del todo, hablamos de que esa parte es un objeto fractal. Aplicando esta geometría a nuestra forma de actuar, si vivimos la misma ansiedad que intentan inculcarnos podemos convertirnos en sujetos fractales de una sociedad frágil, calcando tibiezas y justificaciones. Y eso nos hace ser ciudadanos en crisis, incapaces de dilucidar lo que es conveniente, deprimidos o sobreexcitados, y por desgracia otra forma “interesada” de convertirnos en cómplices y de arrebatarnos facilmente libertades.

Desde muchos ámbitos de poder nos empujan a vivir entre la euforia y la decepción. En la era de la información a toda velocidad podemos experimentar, en horas, la euforia de ganar una medalla o de escuchar a un banquero para que baje la prima de riesgo, o la decepción del fracaso deportivo o de volver a escuchar al mismo banquero fastidiando las previsiones. Y así día tras día, pasivamente a la espera. Como no filtremos la avalancha de información ambivalente, corremos el riesgo de sucumbir anímicamente y abrazar trastornos bipolares. Siempre hay estrategias de autodefensa. Por ejemplo, podemos darnos cuenta de quiénes son los que originan los estados de ánimo: por ejemplo el banquero aludido era Draghi, alto ejecutivo de los que mintieron sobre la deuda griega y especularon hasta quitarnos los calzoncillos, “colocado” a dedo como jefe del BCE. Este hombre no puede tener muchas soluciones sino más bien intereses, y probablemente perniciosos. O también podemos acudir prioritariamente a fuentes de información pausadas y más completas, como la prensa escrita por ejemplo, huyendo de los titulares. Pero sea como sea, hay que detectar los estados de ánimo inducidos por la actualidad, pues la actualidad está falseada y la crisis es una estafa, y hay que tener claro que no necesitamos una medalla o una copa de Europa para evadirnos de nada.

Mantenerse en la actitud disconforme y alerta de las multitudinarias manifestaciones de estos últimos meses, y no sentirse culpable. Mirar al futuro con compromiso y optimismo, apostando por caminos nuevos, pero sin dejar de disfrutar de las cosas fundamentales. Poner en crisis lo que se nos exige por imperativo, salvaguardando nuestra independencia como ciudadanos. Todas son formas de ser ciudadanos y ciudadanas semilla de una sociedad valiente, que no se asusta con titulares ni presagios, capaces de hacer del todo, de nuestra sociedad, un objeto fractal de nuestra esperanza.

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Andrés García

voluntario de 2Orillas, participa de la columna de prensa "La otra orilla" y del programa de radio "Señales de Humo"

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