Codiciosos

La vivienda es un derecho constitucional, nada menos. Dicen que ha caído, que estalló la burbuja inmobiliaria. Convertimos el derecho en un chanchullo, y muchos ciudadanos se hicieron codiciosos, especuladores, chanchulleros… Estaba todo sobredimensionado: cerraba la churrería del barrio y al rato había una inmobiliaria en ese mismo local, y los pisos se compraban y vendían con márgenes millonarios. El ladrillo era el motor de la economía: ahora ya sabemos que más bien era arena en los engranajes. Los listos ya están lejos, con los bolsillos llenos. Atrás quedaron muchos, con hipotecas insostenibles, con viviendas sin construir, o devaluadas, arruinados de por vida. Mientras, en la tele, veíamos como Imanol Arias y Pepe Sancho nos ilustraban sobre el boom del ladrillo de la transición. Pero la codicia es ciega, así que estamos condenados a repetir la historia, una y otra vez. ¿Cambiar el modelo? Ni hablar: les va genial.

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Gonzalo Revilla

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