Coherencia

Son malos tiempos para la coherencia. La evolución social nos está llevando cada vez más a un crecimiento de la zona intermedia, la del ni frío ni calor, de los bandazos y las apuestas al caballo ganador, y esta actitud es detestable. No lo digo yo, en el Apocalipsis escrito por San Juan, ya se advertía: “conozco tus obras, que no eres ni frío ni caliente. Ojalá fueras frío o caliente; pero como eres tibio, voy a vomitarte de mi boca”. Para los no avezados en la Biblia y seguidores de Star Wars, hay otra frase ilustrativa que el maestro Yoda le espeta a Luke Skywalker: “hazlo o no lo hagas, pero no lo intentes”. Perdone el querido lector estas reseñas, son una simple muleta para apoyarme, porque a veces me veo perdido en estos tiempos tan trufados con lo políticamente correcto.

 

En algunos momentos, la vida nos exige tomar partido y comprometernos, puede que lo hagamos con miedo (es lícito), con dudas (son humanas), sobre todo cuando eres consciente de que, al elegir, estas renunciando a otras posibilidades, algunas que, a lo mejor, te llevarían a lugares más plácidos y seguros. Pero el no elegir es una condena peor, es quedarse permanentemente con la duda de lo que hubiera ocurrido si me hubiera atrevido a dar el paso. Hay mucho artista, genio y líder que se quedó calentando una silla conocida.

 

Muchos días me levanto con la tentación de dejar de caminar y quedarme plácidamente sentado en la cuneta, en lugar de cansarme y embarrarme los pies. Me pasa mucho cuando me doy cuenta de que he metido la pata, de que he sido incapaz de encontrar aquello que hacía falta, cuando la boca se me calienta y sueltas lo primero que se te pasa por la cabeza a alguien que no tiene culpa de mi estado anímico, cuando no sé cómo resolver la situación, después de asumir la responsabilidad de pelear por sacar del fango las vidas de algunas gentes. Me arrepiento también de todas las veces en las que me he pasado, en lugar de quedarme corto. Pero es que quedarse corto es un pecado mucho mejor tratado que el de pasarse. No haga nada y nadie le reprochará, hago y se equivoque, y le crucificarán. Lo que pasa es que la urgencia del momento presente en el mundo no acepta medias tintas, la vida de muchos exige calentarse y no quedarse frío, o, mucho peor, tibio. Hagamos y, llevemos el compromiso hasta el final, seamos coherentes con los principios que nos hagan más humanos, hace falta.

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Victor Rodríguez

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