Coleccionistas de miedos

Esta sociedad se ha convertido en una obsesiva coleccionista de miedos. Tememos que nos roben al niño en el super para comerciar con sus órganos en algún oscuro país, o que el frutero del barrio sea un extremista islámico que guarde bombas bajo el delantal. Tememos que el calentamiento global haga subir la marea hasta la misma puerta de casa, o que la contaminación destroce nuestros pulmones. Tememos que a nuestros hijos los apaleen cualquier noche, o que a nuestras hijas las violen y las desaparezcan. Tememos que una banda de ex-militares del Este asalte nuestra vivienda con nosotros dentro, o que nuestro vecino tire un día a su mujer por el balcón. Tememos al inmigrante subsahariano, a magrebí, al del Este, al colombiano, al vecino, al frutero, al cónyuge, incluso al hijo. Tememos porque nos han enseñado a temer, a sentir miedos acumulados sin razón, coleccionamos miedos que nos anulan, que hacen que fechemos la puerta, asustadísimos por designio social, porque somos más maleables asustados. Y así nadie pregunta, nadie trata de aportar soluciones, nadie usa la razón para exorcizar el miedo, para controlarlo y tomarle la medida. Sólo los amontonamos en el imaginario colectivo, los entronizamos a la categoría de verdad y nos amordazamos a nosotros mismos en una maraña de pesadillas, muchas de ellas inventadas. Otras muchas infladas y desmedidas. Y terminamos siendo, sólo, miedosos.

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Gonzalo Revilla

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