Collares y perros

“¡Ummm! Esto le va a costar a usted el collar más que el perro” suelta el técnico cuando viene a revisar la avería del termo. Uno insiste: “No quiero un termo nuevo, quiero que arreglen éste”, y al final consigue que le arreglen la avería. Y por cierto, era mucho más barato el collar que el perro. Así funcionamos: casi nada se repara hoy en día, todo se sustituye. Pero cuando uno opta por comprar un frigo en vez de repararlo es porque no va a pagar los costes “externalizados”. Me lo explique. Con mucho gusto: el frigorÍfico que colocamos en el vertedero tiene un coste medioambiental que nadie paga, un coste que está “externalizado”. Imaginen que tuviéramos que pagar ese coste: por supuesto que nos pensaríamos mucho antes de tirar un cacharro que puede ser reparado. Eso pasa con todo: cuando cambiamos de móvil (otra vez) hay un coste que nadie paga, ni el usuario ni la empresa, pero que repercutirá, seguro, sobre el entorno. ¿O acaso piensan que los millones de baterías que desechamos no suponen un impacto para el medioambiente? También con los ordenadores, que parecen obsoletos nada más comprarlos. Y con los coches. Y con etcétera. Reparar no da dinero: lo saben los técnicos que vienen a casa, adoctrinados como vendedores, para convencernos de algo que es radicalmente mentira: que el collar es más caro que el perro. Mientras, nuestros vertederos rebosan, la gestión de residuos se convierte en un problema de primer orden y el medioambiente amenaza con colapsarse definitivamente.

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Gonzalo Revilla

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