Comercio Justo

Frente a las tremendas condiciones de trabajo que conocemos en talleres textiles de Bangladesh, Pakistán o Brasil, entre otros, frente a la explotación sistemática de los trabajadores agrícolas en gran parte de las plantaciones cafeteras o azucareras de América Latina o África existe una alternativa potente, eficaz, solidaria, comprometida, comunitaria… Se trata del Comercio Justo, una fórmula que garantiza que las personas que han intervenido en el proceso de elaboración del café que nos tomamos por la mañana o la camisa que nos ponemos por la tarde no sufren esas condiciones de trabajo de explotación, sino, más bien, todo lo contrario: reciben un sarlario digno, participan de programas de salud, educativos o sociales, se hacen más dueños de su trabajo mediante la participación en la cooperativa en la que trabajan…

La buena noticia es que la facturación de productos con el sello “Fair Trade” sigue subiendo -un 10% creció en 2013, pasando a facturar en nuestro país 31 millones de euros-, según se desprende del Informe “El Comercio Justo en España 2013. Diagnósticos y alternativas en clave europea” realizado por la Coordinadora Estatal de Comercio Justo (CECJ).

La mala noticia es que este crecimiento se da gracias a la implantación en grandes superficies cuyos gerentes no comulgan demasiado con los principios que se le supone al Comercio Justo como demuestran sus declaraciones públicas, el índice de precariedad en el sector y las numerosas denuncias presentadas por trabajadores. Mientras, las pequeñas tiendas de Comercio Justo, las que desde hace décadas han demostrado estar verdaderamente interesadas por generar alternativas a la explotación, ven cómo su facturación viene descendiendo desde el fatídico año 2008 -en total un 33%-.

A la CECJ les preocupa mucho esta situación “ya que las tiendas son el núcleo del movimiento. La bajada de ingresos dificulta su actividad de movilización y sensibilización, que es una parte esencial del Comercio Justo”. Es evidente que los grandes distribuidores no van a hacer esa labor. Ofrecen esta linea de productos porque sus clientes lo demandan y punto.

Y los clientes, nosotros, nos debiéramos dar cuenta de que no se trata de coger los productos en una estantería u otra, que se trata de que cambiemos nuestros hábitos de consumo, de que es eso y no la etiqueta del café lo que verdaderamente provocará un cambio en los modelos de producción.

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Javier Rodríguez

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