Complejo tablero

El otro día, en la manifestación de Huelva del 15M, una de las pancartas que colgaba del cuello de una chica decía “no entiendo a los políticos”. Creo que es mutuo el sentimiento: los políticos tampoco entienden bien a este movimiento, y hacen torpes declaraciones. Un complejo tablero a escasos días de las elecciones municipales y autonómicas: la izquierda querrá orientar esta indignación y movilizar el voto de izquierda, pero va a necesitar muchos reflejos para adaptar el lenguaje en tan poco tiempo. A los acampados e indignidos en general los presionan para que hagan propuestas, para que hagan, en definitiva, política. Y con el arcoriris ideológico que contiene el movimiento las tensiones serán muchas. Todo eso con las urnas enfrente.

Tal vez haya que pensar en plazos más anchos, con más horizonte. Sobre todo a los políticos, que con la sana intención de orientar el voto, pueden ser acusados de pescar en río revuelto. Está claro que los partidos tradicionales no han sabido recoger la insatisfacción de todos estos jóvenes que hoy ocupan más de 40 plazas en todo el territorio español. Eso no se improvisa en dos días, así que sería bueno acercarse con cautela, escuchar, acompañar, apoyar, arriesgarse en una dinámica asamblearia nueva y farragosa, reconocer las razones por las que se declaran apolíticos, ser generosos. Un movimiento así va a necesitar tramoyas desde las qua articular su lucha, pero no se dejará comprar, ni engatusar con cantos de sirena cortoplacistas.

Asistimos a un acontecimiento esperanzador: era falso que la juventud era apática, que no haría nada por construir su futuro. Era mentira. Pero la indignación habrá de ir mudando a la política, a la transformación de la realidad, a la concreción de propuestas y alternativas. Y no quieren una politica como la que ven, trufada de corruptos, profesionalizada, comprada por las grandes corporaciones, caduca y sin ambiciones. Todo esto, insisto, no se improvisa, así que las municipales no pueden ser el punto de llegada, sino el punto de partida.

Si los partidos quieren canalizar esta indignación han de renunciar a sus objetivos de rentabilidad en las urnas, y centrarse en la participación, en adaptar sus estructuras para que estos jóvenes se incorporen, y construir juntos una alternativa polïtica, que será, ncesariamente, distinta a la que funciona hoy.

En cuanto a los jóvenes (y no tan jóvenes) del movimiento: su reinvindicación de “apolíticos” cae por su propio peso. Son muchos, están organizados, reivindican cosas, atacan las estructuras financieras, generan redes… si eso no es hacer política nada lo es. Otra cosa es que no les guste los que hay, pero no deberían meter a todos los políticos, ni a todos los partidos en el mismo saco. Necesitarán alianzas (también con los Medios de Comunicación) y eso exige discernir entre unos y otros, escuchar sus mensajes y no lanzarse al cuello de cualquiera a la primera. Escuchar es una ardua tarea, pero si el movimiento 15M exige que se les escuche también tendrá que aprender a escuchar.

En definitiva: un complejo tablero en el que habrá que ir moviendo fichas con calma, antes de las elecciones. Pero sobre todo después. No nos jugamos unos gobiernos municipales, sino la militancia y la participación de los jóvenes en una sociedad que no les ha querido abrir paso.

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Gonzalo Revilla

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