Comunión civil

Paqui se ha convertido en una niña famosa, por ese dedo caprichoso de la información que decide qué es noticia y qué no lo es. Paqui vive en un pueblecito de Málaga, su historia es larga a pesar de sus ocho años, una gran luchadora en eso de sobreponerse a las adversidades y mirar a la vida de frente (aunque sea con gafas). Su madre, Dolores (que también tiene gafas) es otra luchadora igual, capaz de echarse a la espalda los retos que otros no son capaces siquiera de plantearse, su principal logro es que Paqui viva, con mayúsculas.  La fama le ha venido sobrevenida cuando Dolores escuchó solícita la necesidad de Paqui y utilizó el recurso, que en el pueblo donde viven han dispuesto, para celebrar una fiesta que, hasta que no se encuentre otro nombre, han simplificado como “comunión civil”. Como todo lo nuevo es arriesgado y por ese azar de convertir su decisión es algo público a nivel nacional, han tenido que soportar todo tipo de comentarios, muchos de ellos con el atrevimiento de la más absoluta ignorancia de quien es Paqui. Todas las culturas han establecido ritos de paso generacional; de presentación, de asunción de responsabilidad o de paso a la adultez. La religión, en su mayoría, se ha atribuido institucionalizándolo, esa necesidad humana de acompañar la vida de un miembro de la comunidad. Hay ritos de paso civiles, como el de “la mili” donde el quinto se iba niño y volvía hombre. Bautizo, comunión, confirmación y matrimonio recogen la llegada a la vida, el paso a la pubertad, el paso a la juventud, y el paso a la adultez. Simple y repetitivo, vivas en el lugar del mundo en el que vivas. Aquí la Iglesia se apresuró a cristianizar todas las fiestas paganas o civiles: solsticios de verano e invierno (Navidad y San Juan), hasta la fiesta del trabajo con San José Obrero. La liturgia ha dotado de gran vistosidad a estas celebraciones, frente a la tristeza de las bodas por lo civil, en un juzgado gris y delante de un juez, que todos asociamos a condena y cárcel. Las bodas en los Ayuntamientos han conseguido embellecer las ceremonias igual o más que en las iglesias y además ha permitido preservar el sacramento del matrimonio para aquellos que, supuestamente, viven en la fe. La “comunión civil” va por ahí. Paqui se merece ese protagonismo y el honor de un salón de plenos, y su madre, valiente, no hace uso y respeta, de este modo, una religión en la que no cree.

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Victor Rodríguez

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