Con aroma a matalahúva

No tuve más que abrir el portón para revivir, de golpe, mi Navidad de hace, apenas 15 años. El olor a matalahúva bajaba por la escalera y transportaba imágenes perdidas de manos enharinadas, de aceiteras de metal, de miel y vino. Sobre la mesa una enorme fuente de pestiños, de rosquillas y poleás, y junto a la humeante cafetera italiana tres vecinas, depositarias de la costumbre y el encanto. Apenas 15 años y esa Navidad sencilla, familiar y religiosa, se ha convertido en una fiesta de intercambios, de ruido, de luces. Una fiesta donde Papá Noel se ha sumado a los Reyes Magos, donde el “vuelve a casa por Navidad” fue arrestado por un vayámonos de casa que es Navidad. Cambiadas las costumbres, vencen las ideologías. La decoración de Huelva no tiene nada de diferente de la de Washington, el villancico es música de anuncios publicitarios y la conversación, ¿dónde quedó?. Bajamos la guardia y nos arrolló el neoliberalismo posmoderno. Pero en mi bloque, tras alguna puerta blindada, alguien perfuma la tarde con matalahúva y me dice: ¿quién dice que aún no podemos volver a pensar, para dar sentido a nuestras costumbres?

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Andrés García

voluntario de 2Orillas, participa de la columna de prensa "La otra orilla" y del programa de radio "Señales de Humo"

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