Concentrar los esfuerzos

Me llegan muchos correos detallando los desmanes de la clase política, e invitando a sacarlos de sus sillones,
instigando campañas de descrédito. Los miro siempre con recelo. Es mal momento para dispersar los esfuerzos, y mientras
los mercaderes han convertido el planeta entero en un rentable monopoli estas campañas de descrédito socaban la democracia
sutilmente: la clase política necesita ser regenerada, pero si no presentamos alternativas creibles y honestas
lo que nos queda es el totalitarismo. Estos días lo he escuchado a raiz de la movida de Bankia: parecía que el que hubiera
cargos políticos en el consejo de administración del banco era una cosa malísima, y que nada mejor que unos buenos
profesionales (¿de qué?) que gestionaran técnicamente. Es decir: la economía no debe mezclarse con la política. Y eso,
creo, es una barbaridad que nos deja ante un futuro aún más desolador.

El descrédito de la política nos saldrá muy caro. Algunos indicios podemos observar ya en comicios celebrados
últimamente, donde opciones políticas xenófobas y nada democráticas van encontrando su público y su espacio
en los parlamentos. A rio revuelto. No digo que hagamos la vista gorda ante la corrupción, por supuesto, pero sí que
no hagamos un único rasero, que no generalicemos. Entre otras cosas porque si en este país todos los políticos
fueran como esos indecentes mangantes todo se habría derrumbado hace tiempo.

Por otra parte: estoy convencido de que si concentramos los esfuerzos en derribar a los especuladores, a los
mercaderes, a los que siguen robando ante nuestras narices nuestro futuro, si sacamos a toda esa gente de la economía,
entonces los políticos corruptos saldrán solos. Porque no son más que mercaderes inflitrados en políticas. Entraron
ahí porque era un oportunidad de medrar, de robar. No saben lo que significa un servicio público, no respetan en
absoluto las normas del juego, no buscan en bien común. Y por lo tanto saldrán de las instituciones en cuando la
honestidad se haga cargo del negocio.

Por eso creo que es hora de concentrar los esfuerzos. Estamos ante una crisis financiera provocada por los
especuladores, por los mercaderes. Ellos son los culpables, lo que atesoran inmensas fortunas en los malditos
paraísos fiscales, los que siguen atacando la deuda soberana de los países, montando lobbies para lucrarse a
costa de lo que sea. Esos son los culpables, a esos hay que tumbar. Y necesitamos a la clase política, mejor dicho:
a los políticos con clase, para que esto pueda hacerse. Los otros, los cómplices, caerán por su peso. Hay que distinguirlos,
claro, pero eso es fácil. Muy fácil.

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Gonzalo Revilla

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