Contra el desinterés

Esta gran estafa que es la crisis está causando estragos por doquier. Desde esta columna hemos venido denunciando los destrozos cometidos contra los derechos sociales, contra la democracia, contra el Estado del Bienestar. La ideología que la ha sustentado ya está “colonizando” la conciencia social y está preparando un futuro que aleje a la ciudadanía de la cosa pública. Cuanto más desinteresados nos mostremos, más indefensos quedaremos y más posibilidades tendrá el sistema de campar a sus anchas si es que no lo hace ya. Desde los medios de comunicación nos han bombardeado con la idea de que todos los políticos son iguales, de que las ideologías no existen, de que lo importante es el mercado…Y están consiguiendo su objetivo.

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Viene esto a cuento porque el Informe Social de la Juventud Andaluza, realizado por el Instituto Andaluz de la Juventud y el Centro de Estudios Andaluces, señala que el 76,6 por ciento de los jóvenes andaluces no demuestran ningún interés por la política y que un 13 por ciento de estos jóvenes manifiestan que les da igual un régimen político que otro. Mal negocio este desinterés. La estafa es producto de una ideología concreta, el liberalismo, y de un sistema económico concreto, el capitalista. Si renunciamos a la política y a la democracia, que es lo que revela este informe, difícilmente podremos solucionar y cambiar las cosas. Esta desafección sólo puede conducir a más liberalismo, a más injusticia, a una dictadura todavía más feroz de los mercados.

La lucha por tanto también ha de ser cultural, la lucha también ha de ser ideológica. Toca pues defender la democracia y defender la política, como maneras de buscar el bien común, como forma de buscar la felicidad de los ciudadanos. Es verdad que algunos de nuestros políticos han buscado el interés propio, el enriquecimiento fácil; que muchos de ellos han sido serviles a los deseos del dios mercado, pero no es menos cierto que otros muchos han estado en vanguardia de la lucha por la solidaridad y por otra forma de establecer las relaciones. Renunciar al poder de la política para hacer un mundo más solidario y más justo es renunciar a la lucha, es dejarse vencer, es acobardarse. Y no lo podemos permitir. Hay que desmontar esta ideología de la no ideología y prestigiar la política. Que no nos vengan con cuentos.

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Dimas Haba

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