Contra el miedo

El gobierno del presidente Rajoy está consiguiendo grandes cosas. Cosas que nadie esperaba de él. Nadie, ni siquiera sus más cercanos admiradores imaginaban que lograría en tan poco tiempo éxitos tan sonoros como los que ha alcanzado desde que logró el 53% de los diputados con el respaldo del 30% de los electores.

Está logrando, por ejemplo, hacernos creer que los recortes son inevitables, que aceptemos sin rechistar que nos rebajen salarios mientras suben las facturas y los beneficios de las grandes empresas, que no se puede tocar la legislación hipotecaria para proteger a los miles de desahuciados, que es necesario ampliar el abanico de empresas en cuyos consejos él y sus ministros se puedan recolocar cuando abandonen el mal pagado ejercicio de la política. Las que privatizaron sus antecesores ya deben estar copadas y ahora hay que abrir las puertas a empresas que gestionen, por ejemplo, el Sistema Nacional de Salud o la educación.

Pero sobre todo, ha conseguido inocular miedo: que el inmigrante se acerque con miedo al centro de salud, que la maltratada se acerque con -más- miedo al juzgado a denunciar a su maltratador, que el trabajador se calle por miedo el abuso del patrón, que el ciudadano se acerque con miedo a manifestarse por sus derechos, que el consumidor espere con miedo la factura de la luz, del agua, del gas…

Pero no todos tienen miedo: no tienen miedo las vecinas de las corralas sevillanas, no tienen miedo los miembros de la PAH cuando se empeñan en paralizar desahucios, no tienen miedo los estudiantes que todavía protestan, ni los sindicalistas que se empeñan en defender los derechos de sus compañeros de trabajo, ni los que han montado una cooperativa para hacerse dueños de su propio trabajo, evitando engrosar las cifras del paro…

Debería ampliarse el círculo de gente sin miedo, seguir el ejemplo de gente como Enric Duran, que en 2008 expropió a 39 entidades financieras 492.000€ y los repartió entre entidades sociales. Porque ese valiente gesto fue al meollo de la cuestión. Nos están robando, exijamos que dejen de hacerlo y que devuelvan lo que no es de ellos, aunque para eso tengamos que utilizar las mismas argucias que utilizó Enric, aunque eso suponga que nos amenacen con la prisión, como le ocurre a él. “La desobediencia, la única opción para garantizar que se respeten mis derechos”. No parece que los ladrones vayan a a hacernos casos como no sea así.

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Javier Rodríguez

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