Corazón Azul

 

Ayer fue el día que los miembros de la Asamblea General de las Naciones Unidas eligieron para recordar la trata de personas. Se estima que en el mundo 21 millones de personas son víctimas de -en palabras del Secretario General de la ONU- “una industria mundial despiadada que niega a las víctimas sus derechos y su dignidad y genera miles de millones de dólares para las redes de la delincuencia organizadas”. 21 millones de personas que han sido engañadas, secuestradas, robadas, exiliadas forzosamente de sus hogares, para ser esclavizadas en otra parte del mundo como empleadas de hogar, obreras de fábrica o prostitutas (según un informe de la oficina de las Naciones Unidas contra la droga y el delito, el 60% de las personas víctimas de trata lo son para ser explotadas sexualmente). 21 millones de personas, entre las que una cuarta parte (el 27%) son niñas y niños y la mayoría mujeres (el 59%), que en este momento carecen de toda libertad y derechos. 21 millones de personas, de las cuales aproximadamente medio millón han tenido como destino nuestra civilizada Europa Occidental, donde la explotación sexual es el destino mayoritario. 21 millones de personas, la población de Andalucía, Cataluña y la comunidad de Madrid, se dice pronto.

Corazón Azul es la campaña internacional auspiciada por la ONU que busca acabar con esta lacra y que aquí está siendo promovida por la Red Española Contra la Trata de la que forman parte 24 organizaciones entre las que se encuentra Cruz Roja, Proyecto Esperanza, Cáritas o Amnistía Internacional. Lo que solicitan estas organizaciones a través de esta campaña es que las instituciones públicas se impliquen más contra este negocio que mueve más dinero que el tráfico de drogas y sólo poco menos que el de armas.

Lo que no es de recibo es que las propias víctimas sean acusadas y mal tratadas por la administración, como hace unos días ocurría a una mujer que estaba siendo obligada a ofrecer servicios sexuales semidesnuda en la vía pública y que fue multada por ello, lo que no es de recibo es la escasez de recursos con los que se cuenta en juzgados y comisarías para luchar contra los que se están enriqueciendo con esta forma de esclavitud, lo que no es de recibo es que sigamos mirando a otro lado, sigamos creyendo que esto no pasa y que los precios tan económicos de los productos que compramos son producto de la generosidad de sus fabricantes.

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Javier Rodríguez

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