Corporación psico-ética.

Isabel comenzó a darle vueltas a la cosa desde algunos años atrás, tanto en su trabajo como en su entorno familiar y social, no se encontraba a gusto con ella misma.

Su marido no era muy partidario de aquel tipo de intervenciones. Al fin y al cabo él la había conocido así, con sus defectos y con sus virtudes. Por otro lado solo quería que se encontrase bien con ella misma y que tal decisión no afectara a su relación de pareja.

Las referencias que a Isabel le llegaron, por parte de sus amigas, eran todas excelentes. Seguridad, higiene, profesionalidad y discreción. Ni un solo pero, ni un fallo conocido. Las garantías eran máximas, lo que le llevaba al terreno afirmativo su decisión.

Aún así la noche anterior no pudo pegar ojo por los nervios. Pensaba en el cambio que iba a producirse en su vida, y la mejoría que obtendría con dicho cambio. Los nervios eran producidos por una mezcla equitativa de miedo e ilusión. Recurrió de nuevo a los tranquilizantes naturales para conciliar un sueño profundo, ya que debía despertar despejada a la mañana siguiente.

Llegó puntual a la clínica, y tras una amena conversación con el cirujano, pasó por secretaría a rellenar un formulario y a entregar el número de cuenta corriente para que le cobrasen la intervención una vez finalizada.
Isabel ojeó por última vez la solicitud de intervención, y vio detalladamente todo lo que iban a realizarle aquella mañana:

-*Reducción de antipatía.
-*Elevación del ego personal.
-*Estrés-succión.
-*Agresivoctomía.
-*Aumento de satisfacción sexual.
-*Materno-plastia. (Instinto maternal).

Con aquellas intervenciones que realizarían en su mente ya estaba preparada para ser una mujer satisfecha y acorde con los tiempos que corrían en pleno siglo XXII.

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