Cristo en el andamio

Manuel me contaba lo que son las horas subido en el andamio, sin correajes de seguridad, sintiendo el vértigo de la altura, la tos seca de los días de gripe. Manuel sabe lo que es tragar el polvo del cemento que se le mete en los pulmones, el ruido infernal de la hormigonera que acaba por ensordecer los oídos. Y Manuel da gracias cada vez que acaba la jornada por poder volver a casa. Una vez casi pierde un dedo, y en otra ocasión su brazo tuvo que portar escayola. Llovía y resbaló del andamio, menos mal que sólo fue el brazo, porque Manuel ha escuchado de muertes de compañeros suyos, de amputaciones de piernas aplastadas por los hierros, de accidentes y accidentes..Y ahí sigue, sufriendo el frío, el polvo del cemento, el ruido de la hormigonera, el vértigo del andamio, haciendo su propia estación de penitencia. En Manuel se hace presente el Cristro doliente que acude sin solución de continuidad a la muerte. Manuel es uno de los muchos cristos anónimos que sufren la injusticia de un mundo insolidario, pero, al igual que el Nazareno, Manuel vencerá esa muerte de la explotación con la resurrección de la solidaridad y la justicia..

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Dimas Haba

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