Cualquier tiempo pasado

Al parecer de algunos, cualquier tiempo pasado fue mejor. Y es que no es la primera vez que escucho, en debates más o menos encendidos sobre los inmigrantes que vienen llegando, que “nosotros también emigramos, pero era distinto”: y enumeran a continuación las virtudes de aquella emigración hacia Alemania o Suiza. Luego, cuando trato de contrastar, otros me dicen que no era tan así: que hubo también discriminación (mucha y muy cruel), que las condiciones de trabajo y los salarios no eran iguales para uno que para otros, que se paso penuria, desamparo… Es decir, que ese argumento de la bondad de aquella emigración frente a esta otra no sirve para mucho. Si acaso para entender mejor cual es el meollo del asunto: y es que nosotros eramos, entonces, los que emigrábamos, y hoy somos país receptor. Antes eramos los que huíamos buscándonos la vida, lejos de nuestra familia y nuestra tierra. Y hoy somos los que acogemos, los que recibimos a estos nuevos vecinos que huyen también en busca de mejores oportunidades. Por eso, en vez de convertir nuestra experiencia como país emigrante en una excusa, en una añoranza estúpida de lo que nunca jamas sucedió, podríamos aprender de aquello, y evitar repetir errores: discriminación, instrumentalización del trabajador, infraviviendas, desigualdades, y ese tipo de cosas tan mezquinas, y que tan poco dicen de nuestra memoria como pueblo.

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Gonzalo Revilla

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