Culpables

Conozco una enfermera con un currículum impresionante. En su expediente académico lucen varias matrículas de honor y sus notas no bajaron del notable (toda una provocación para el que escribe, quien llenó su expediente de raspados…), acumula experiencia laboral de casi quince años en el ámbito sanitario y en la docencia, maneja tres idiomas, un máster y algún que otro experto universitario, a punto de presentar su tesis doctoral. Innumerables cursos. Incluso experiencia de trabajo fuera de España. Está en paro y el otro día me confesaba que creía que había hecho algo mal para que eso fuera así.

Una amiga con titulación universitaria. Parecería que tiene más suerte: tiene un trabajo fijo en un puesto de responsabilidad en una ONG. Tal vez no lo suficientemente bien pagado como su categoría profesional y su buen hacer debiera. Pero, como a ella siempre le gustó lo que hace y como le llegaba para vivir, eso nunca le había preocupado. Hace unos cinco años había decidido, junto a su marido, cambiar de vivienda. Habían tenido una tercera hija y necesitaban más espacio. Lío de bancos: “esto es muy sencillo, entregas la vivienda como parte del pago, te queda una hipoteca muy baja…” Luego vino el lío de verdad: la vivienda que no se vendía, la hipoteca que no paraba de subir . Y él, que se quedó en paro. Y el paro se alargó, con lo que el seguro de desempleo se terminó. Y ahora no les da para pagar la hipoteca. El otro día me confesaba que creía que había hecho algo mal para que eso fuera así.

También conozco alguna historia sobre las preferentes, y la de algún inmigrante al que no renovaron el permiso de residencia y muchas otras historias de víctimas de la crisis. Víctimas que, en algún momento me han confesado que creían que habían hecho algo mal para haber llegado a su situación.

El otro día, viendo un programa en el que se debatía sobre las acciones de escrache, comprendí por qué. Un tertuliano le espetaba a un señor que había ido a contar su duro testimonio: “¿usted no sabía dónde se metía cuando firmó el contrato?”.

Junto al miedo, el otro pilar donde se sustenta el inmovilismo ante la agresión es el sentimiento de culpa.

Es lo mismo que hacen los torturadores y los maltratadores con sus víctimas: machacarlas y hacerles sentir culpables por ello. Eso es, también, lo que están haciendo estos cínicos. Eso es lo que hace tantas veces que las víctimas permanezcan inmóviles.

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Javier Rodríguez

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