Cultura del yo

Vivimos en un momento histórico de exaltación de lo que podríamos adjetivar como “cultura del yo” ¿En qué se traduce semejante definición? Básicamente en que los derechos, o los caprichos, del ámbito más personal prevalecen sobremanera sobre el interés general o social mayoritario. Detalles hay grandes y pequeños, pero sobre todo muchos. A modo de ejemplo; cuesta renunciar a dejar libre la plaza de aparcamiento para minusválidos en un centro comercial, u obstruir, también con el coche, aceras rebajadas para el paso de carritos o simples peatones. Lo común no se cuida y tiende al destrozo irremisible.

Lo peor no es que sea algo generalizado sino que haya una incapacidad aun mayor por aceptar que alguien, en un determinado momento, sea capaz de llamar la atención a cualquiera cuando está abusando de lo que es de todos para un beneficio sólo propio. La respuesta ante el hecho de obstruir ese paso de peatones será, cuando menos, despectiva, cerrando el asunto con un tajante… “y a ti que te importa”.

Una sociedad con espíritu de comunidad debe reconocer como sagrados los lugares de uso común, y las normas de la convivencia. Respetarlos es respetarnos todos y vivir un poco mejor fácilmente.

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Victor Rodríguez

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