Dación

Uno de los actos más graves que puede cometer una sociedad es justificar
la injusticia ratificándola con el rango de ley. De esta manera el
ciudadano nunca podrá estar asistido si partimos de la base de que la ley
está hecha para beneficiar los intereses de unos cuantos por oposición a
la mayoría. La vivienda es uno de los ámbitos sociales donde más ha
crecido la brecha que separa lo justo, ético y humano de la legalidad. Si,
por un lado, la Constitución de 1978 sancionó el derecho a tener una
vivienda digna en su artículo 47, vemos como el desarrollo normativo
español ha cercenado ese derecho tan básico con multitud de leyes,
decretos, normativas y jurisprudencia, de las que la mayoría nos sentimos
indefensos.

Con la crisis económica y el paro galopante muchas personas “normales” han
perdido su única fuente de ingresos, esa que le permitía vivir en una casa
comprada a un banco por la que se ha hipotecado por un abultado número de
años. Con las dificultades de pago el banco inicia su estrategia de
presión y convierte las risas y palmaditas en intimidación, ya no eres
cliente sino moroso, ya no se fían de ti ni te saludan por la calle. Te
perseguirán por teléfono, te amenazarán, perseguirán a tus avalistas (en
ocasiones padres jubilados), hasta recordarte que te vida es mísera y
difícil. Luego llegará el embargo y la subasta, el banco se quedará tu
vivienda por el 50% de su valor y la volverá a vender, pero tú seguirás
debiéndole el 50% restante. Eso sí, todo de forma legal y aséptica, aunque
se haga en los sótanos de nuestro sistema judicial, con mucha letra
pequeña y poquísimo asesoramiento al ciudadano.

Este calvario lo están sufriendo muchas familias en España y de ello se
están beneficiando esos que han tenido que ser rescatados con dinero
público por su codicia. Como alternativa hay un movimiento social que pide
el reconocimiento tácito de la dación, esto es; ante la imposibilidad de
seguir pagando la casa, su devolución saldaría la deuda.

La vivienda es algo más que un techo donde cobijarse, es simplemente la
línea que separa la estructuración social de la marginación. Sin domicilio
fijo es complicado empadronarse, no existes para conseguir colegio, o
centro de salud, no llegarán cartas ni prestaciones ni ofertas de empleo
y, en el peor de los casos, podrías perder la custodia de tus hijos por
desamparo, lo que genera una escalada de problemas mayores y dejarán a la
familia sin herramientas de independencia. No puede ser justa una ley que
permite que tanta gente se quede sin hogar y mantenga la deuda. No es
ético permitirlo con la justificación de que la dación pondría en peligro
el sistema financiero. Los desahucios nos hacen ser una sociedad indolente
que tolera la injusticia. No lo permitamos.

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Victor Rodríguez

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