Daniel, presupuesto y pobreza

Daniel ha tenido que irse a trabajar fuera, muy lejos, a México. No va en calidad de ingeniero, él no sabe inglés ni tiene estudios de postgrado, va a jugársela en el andamiaje de una mina en la baja california, vamos, que va de currante como antiguamente fueron nuestros padres a Alemania. Cobrará algo más de lo que aquí le deja la prestación, le quedaba poco tiempo, se va obligado. Y curiosamente ha viajado el mismo día en que Montoro ha presentado los nuevos presupuestos para el Estado. A él, como al resto de onubenses, le tocará una inversión de 193.48 euros, por detrás de la media andaluza y muy por detrás de la española, que se sitúa en unos 259 euros por barba. Tanto Daniel como yo somos indoctos en materia económica, pero si atendemos a la minusvaloración objetiva del ciudadano onubense, y lo sumamos a las voces críticas que anuncian otro apretón en la soga del cuello de las clases medias, en definitiva gente como nosotros dos, tenemos motivos para sentirnos despreciados por el que presupuesta. Si además no hay herramientas democráticas para protestar, o exigir al menos una traducción honesta y sencilla de la propuesta, ¿cómo afrontamos el próximo año? ¿Con ilusión? Daniel ya se ha arriesgado.

Presupuestar es también hacer política, es decir, tomar decisiones para que se cumplan los objetivos de los ciudadanos: en el caso de Daniel era poder trabajar cerca de su familia para ver nacer a su tercer hijo; no podrá hacerlo. Es lógico entender porqué miramos con irritación la ineficacia de los que han gobernado los últimos cinco años. Si además nos asomamos al informe que Intermón-Oxfam hizo público el pasado 18 de septiembre, nos estremecemos. En él nos avisan de que al ritmo actual de generación de pobreza, en 2025 habrá 8 millones de nuevos pobres en España ¡Uno de cada tres nuevos pobres en Europa será español! Y yo deduzco que provendrá de las clases medias, los que ya eran pobres seguirán siéndolo, y me pregunto si me tocará. ¿O le tocará a Daniel? ¿O a ti que lees el artículo?

Habrá que decir ¡basta! para escapar de la condena, y empezar a boicotear cualquier política basada en recortes sociales, en pagar deuda tasada por organizaciones tenebrosas o en más centralismo salvaje. Es algo completamente legítimo, y necesario. Sólo las políticas encaminadas a la redistribución de las riquezas, a la justicia social y laboral desde sus expresiones más concretas o al fomento de la participación en la toma de decisiones, deben merecer nuestro respeto. El mío y el de Daniel, que podrá regresar.

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Andrés García

voluntario de 2Orillas, participa de la columna de prensa "La otra orilla" y del programa de radio "Señales de Humo"

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