De la culpabilidad a la responsabilidad

La imposible condición de ser un ex israelí así como un ser humano éticamente orientado conduce necesariamente a un serio complejo de culpabilidad. Estoy refiriéndome aquí al caso obvio de uno que se siente culpable por los crímenes cometidos en nombre de uno por los hermanos de uno. No obstante tengo que confesar que aunque la culpabilidad puede ser encantadora, por lo menos durante algún tiempo, está lejos de ser un estado mental productivo a largo plazo. La culpabilidad es un esfuerzo egocéntrico que no apunta hacia un cambio. En la culpabilidad solitaria no hay mucha esperanza para un futuro mejor. De hecho, la única manera de traducir culpabilidad en productividad es transformar el remordimiento en responsabilidad.

Al menos en mi caso, la responsabilidad empieza en primer lugar con el reconocimiento profundo de que, aunque totalmente en contra de mi voluntad, los hechos que lleva a cabo el estado judío, cada atrocidad que comete Israel, realmente se comete en mi nombre y en mi representación. En otras palabras, mi compromiso con el problema palestino se evoca por la aceptación de mi responsabilidad. Aunque el grito “no en mi nombre” habría ayudado a reivindicarme como persona individual, no cambiará el hecho grave y siniestro de que cada crimen de guerra israelí se perpetra realmente en nombre del pueblo judío. Así, nunca he sido un abogado del llamamiento “no en mi nombre”. Sinceramente no estoy buscando la autoredención sino más bien un cambio metafísico de la conciencia. Por consiguiente, la responsabilidad para mí es una forma de intervención que tiende un puente sobre la brecha necesaria entre la aceptación silenciosa y el compromiso ético. Mi responsabilidad es mi empeño en hacer todo lo que pueda para llevar el sufrimiento de los palestinos a un cese inmediato.

Obviamente aquí me he fijado un desafío muy serio. Teniendo en cuenta que mis armas son mi saxofón y mi pluma, incluso puede parecer ligeramente patético. Uno puede preguntarse si es posible derribar a una superpotencia regional nuclear con un saxofón para soprano o incluso con un lápiz. Aunque todavía no tengo una respuesta concluyente, admito gustosamente que en los últimos siete años le he dado un empuje.

Para mí ser responsable significa examinar las atrocidades israelíes al tiempo que me considero a mí mismo en el punto crucial del problema. Mientras que en el pasado tendía de algún modo a apartarme del conflicto y a adoptar la postura de un explorador distanciado, ahora paso a buscar las respuestas dentro de mí, en mi propia alma, en mi experiencia esotérica. Siguiendo a Otto Weininger, me inclino a creer que las revelaciones de los artistas sobre el mundo son el resultado directo de una autoexploración sincera. Sin embargo, mientras miraba en mi interior descubrí claramente que si bien puedo ser capaz de decir algunas cosas sobre el conflicto palestino-israelí, probablemente no puedo decir mucho en realidad sobre sus aspectos políticos.

Hablando en general, abordar el conflicto palestino-israelí está lejos de ser un trabajo fácil. Además, últimamente, la tarea se está poniendo más difícil. Debido a la presión intensiva impuesta por Israel sobre los palestinos (con pleno apoyo del obediente y voluntarioso Occidente), éstos se ven empujados a un estado de guerra civil. Como resultado, la emergente hostilidad en la sociedad palestina (tanto en Palestina como en la diáspora) hace muy difícil pensar en cualquier aportación intelectual o ideológica que pueda contribuir a una resolución del conflicto. Ahora la sociedad palestina está oficialmente dividida en casi todo. Es más, incluso los palestinos pueden encontrar difícil estar de acuerdo en la noción de la causa palestina. Parece que muchos de nosotros en Occidente afirmamos que apoyamos la causa palestina sin saber muy bien en qué consiste esta causa. Muy a menudo clasificamos a los activistas sobre la base de su visión de la resolución del conflicto. Nosotros diríamos, “este es bueno, está a favor de ‘un estado’, pero éste no, es un sionista partidario de los ‘dos estados’”. Es decir, identificamos las afiliaciones políticas con lo que nos parece la “verdadera” causa palestina. Pero de hecho nuestra imagen de la causa palestina depende en sí misma de nuestra cultura política, luchas políticas, afiliaciones y estilo de vida personales. Tiene muy poco que ver con Palestina, los palestinos y sus necesidades actuales o futuras.

Esta exposición puede desafiar la noción de solidaridad e implica alguna posible crítica sobre todo el problema de la responsabilidad. Por consiguiente, he aceptado recientemente la idea de que debo tener mucho cuidado con cualquier retórica que tenga que ver con Palestina. Por tanto, evito hablar en el nombre de los palestinos. Es más, siendo un ex israelí, no me permito interferir con el discurso palestino de la resolución. Estoy totalmente convencido de que el futuro de Palestina es un asunto interno palestino. El futuro de Palestina debe ser determinado por el pueblo palestino y sólo por él. Pese a todo, me siento más que facultado para hablar de las atrocidades que se cometen en mi nombre. Aquí es donde mi responsabilidad entra en juego.

Mi tarea no es difícil de definir. Yo defendería que si de hecho los crímenes contra los palestinos se comenten por el “estado judío” en nombre del “pueblo judío”, antes de que pueda hacerse cualquier progreso, debemos llegar a entender lo que significa el término “judío”. En otras palabras, es el judaísmo lo que estoy tratando de considerar. Intento conocer su metafísica, su fondo histórico y cultural. Trato de entender cómo están operando los lobbies judíos dentro de diferentes organizaciones, instituciones y sistemas de hegemonía. Defiendo que si es el estado judío el que está implicado en aterrorizar a los palestinos, entendemos mejor y de una vez lo que se esconde detrás de la noción de judaísmo. No obstante, encuentro necesario señalar ampliamente las diferencias entre las distintas categorías que tienen que ver con la palabra “Judío”.

Resueltamente, yo diferencio entre judaísmo (religión), judíos (el pueblo) y judaísmo (ideología). Me abstengo categóricamente de referirme a los judíos y evito la crítica al judaísmo (religión). Las razones son obvias. Primero, aunque Israel se considera el “estado judío”, está lejos de ser el estado de los judíos. Muchos judíos están viviendo fuera de Israel y no tienen nada que ver con Israel o los crímenes israelíes. Segundo, no es el judaísmo el que inflige tanto dolor a los palestinos, sino personas que obedecen a cierta peculiar visión seglar moderna, denominada por algunos como sionismo. Así, es el judaísmo ideológico en el que yo estoy interesado, la tendencia ideológica y el marco cultural. Estoy interesado en los lazos colectivos que proporcionan un escudo al cuerpo sustancial del sionismo. Estoy interesado en lo que transforma al Sionismo Global en una cosmovisión contemporánea conductista y triunfante.

Pero aquí es exactamente donde empieza el auténtico problema. Aunque me abstengo firmemente de referirme a las categorías raciales o étnicas, hay que invertir una gran cantidad de energía para contenernos, yo y los demás, al decir lo que tenemos derecho a expresar. La presión política judía se agrupa tanto en la izquierda como en la derecha, tanto los sionistas como los antisionistas, los marxistas sectarios y los colonos fascistas luchan para mantener la diferenciación entre el judaísmo religioso, el judaísmo ideológico y los judíos, tan desdibujado como sea posible. Puedo sugerir que saben lo que están haciendo. Esta táctica les permite desechar cualquier posible crítica a Israel y a sus lobbies como un ataque racista. Con tal de que la delimitación entre judaísmo religioso, judíos y judaísmo ideológico sea oscura, Israel está a salvo de la crítica.

Manteniendo semejante táctica, grupos judíos de izquierda y derecha se las arreglan para bloquear cualquier debate significativo que tenga que ver con Israel, el estado judío, Palestina, judaísmo mundial, el lobby judío en Estados Unidos, etc. Cada discusión esencial se descarta inmediatamente como una forma de racismo o como franco antisemitismo. Mi responsabilidad es, por consiguiente, levantarme y resistir. Mi deber es insistir en que el judaísmo político es una ideología, o por lo menos una tendencia. Es una idea que hizo posible la Nakba, que ha mantenido políticas de limpieza étnica durante seis décadas; es un una noción única que vive en paz con el hambre del 80% de Gaza.

No es a los judíos ni al judaísmo a quienes habría que culpar aquí, ni tampoco al sionismo El judaísmo ideológico es un concepto realmente más profundo que el mero sionismo ¿Cómo sé yo que es más profundo que el sionismo? Lo sé porque me veo a mí mismo ahora y en el pasado. Lo sé porque crecí en Israel y puedo decir que cuando era un joven muchacho la palabra sionismo era extraña a mis oídos. Mis semejantes y yo éramos israelíes, éramos el pueblo judío, no éramos sionistas. El sionismo era una expresión abstracta extranjera, olía a Galut (diáspora). Éramos judíos y nuestros enemigos eran los “otros” quienes quiera que fueran en el momento: los alemanes, los goyim, los antisemitas, los árabes en general, los palestinos en particular y así sucesivamente.

Mi responsabilidad, de este modo, es exponer el significado real de la idea judía en su plena magnitud. Mi misión es alcanzar la esencia de este omnipotente miedo que se establece cómodamente en el núcleo de la psique colectiva judía. Mi responsabilidad es dar a conocer a los portadores y protagonistas de esta ideología. Como artista, mi deber es mirar hacia mí y rastrear su origen en mi propia alma.

Si estoy verdaderamente en lo cierto y el judaísmo es una ideología, entonces no puede posicionarse simplemente más allá de la crítica. Si estoy realmente en la pista correcta, mi deber como intelectual y como artista que cree en el espíritu libre, es señalar que el discurso palestino está envenenadamente constituido por una forma absurda de exactitud política que bloquea cualquier discurso significativo y fructífero.

Creo que no podemos llevar la esperanza a Palestina a menos que aprendamos a hablar libremente, a menos que nos permitamos abrir el discurso. También puedo sugerir que verdaderamente creo que los sionistas y los israelíes se beneficiarán de semejante iniciativa.

Los israelíes y sus partidarios se situaron en un cielo aislado artificial. Se han rodeado con muros de seguridad y han logrado bloquear todos los cauces de la crítica. En un completo estado de ceguera, los israelíes no han advertido que se han vuelto la encarnación moderna del mal. Más que nadie son el estado judío y los israelíes quienes necesitan un inmediato despertar.

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