De vuelta en mi país

JUAN MASIÁ, jesuita, ha sido destituido como profesor de la facultad de teología de la Universidad Pontificia de Comillas. Su único delito: decir abiertamente lo que muchos piensan en la Iglesia sobre el tonito que está tomando la dirección de la Conferencia episcopal. ECLESALIA. 27 de enero de 2005. JUAN MASIÁ, jesuita, ha sido destituido como profesor de la facultad de teología de la Universidad Pontificia de Comillas. Su único delito: decir abiertamente lo que muchos piensan en la Iglesia sobre el tonito que está tomando la dirección de la Conferencia episcopal. ECLESALIA. 27 de enero de 2005. {{El ambiente extraño de la iglesia española }}

Me ha llamado la atención durante estos últimos meses, la situación tan exagerada por los dos extremos que se percibe en los debates éticos en este país. Se habla, por ejemplo, sobre investigación con células madre y es chocante la politización de la discusión sobre temas científico-éticos y la polarización radicalizada por los dos extremos. Por una parte, posturas presuntamente defensoras de la vida humana hacen un flaco favor a esa defensa con su actitud negativa y condenatoria. Por otra parte, eso suscita la reacción opuesta de quienes sospechan de la ética como mero freno y enemiga del progreso. Viniendo de una cultura como la japonesa, tan caracterizada por la conciliación y el consenso, este ambiente en nuestro país me resulta, por decirlo suavemente, desconcertante.

Me llama también la atención la intromisión inoportuna de instancias eclesiásticas para dictar moralidad a la sociedad civil. He de decir que estoy acostumbrado a vivir en Japón, en el seno de una iglesia minoritaria, en medio de una sociedad civil plural y democrática, secularizada y laica, en el mejor sentido de estas palabras, y con un episcopado acostumbrado a respetar escrupulosamente la separación de Iglesia y Estado, una iglesia que no está ni privilegiada ni excluida, en un contexto intercultural e interreligioso. Viniendo de ese mundo, me sorprenden los malentendidos sobre ética o sobre iglesia y sociedad en nuestro país. Por ejemplo, el caso, mitad cómico mitad anacrónico, en torno al preservativo; uno no sabe si reir o llorar. Ni siquiera tenía que ser problema. No sólo como prevención de un contagio, sino como anticonceptivo corriente, se puede usar para evitar un embarazo no deseado y evitar el aborto. Hace mucho tiempo que la teología moral seria ha superado ese falso problema.

Aunque diga lo contrario un dicasterio romano o los asesores de una conferencia episcopal, o los que redactan para el Papa un discurso, se puede disentir en la iglesia por fidelidad hacia la misma iglesia. Sobre todo, sabiendo que ni es cuestión de fe, ni es cuestión de moral, ni es cuestión de pecado. Es cuestión de sentido común, responsabilidad y buen humor. Pero, al fin y al cabo, el tema del preservativo es un pseudo-problema secundario que no merece darle más importancia. Por cierto, que lo que afirmaba el otro día el portavoz de los obispos después de su diálogo con la ministra de sanidad es algo que estaba escrito hace años en libros y revistas especializadas de teología y estaba dicho también en documentos de episcopados; no es nada nuevo. Tanto el admirarse de lo que dijo como si fuera una novedad como el creer que hay que obligarle a desdecirse, lo que indican es ignorancia de por donde va la reflexión teológica seria. Otros temas son más serios. Por ejemplo, decía el otro día cierta personalidad eclesiástica que la obtención de células madre a partir de embriones pre-implantatorios es una matanza de inocentes. Expresarse así es originar malentendidos científicos, éticos y teológicos.

Hablaba otra personalidad eclesiástica el otro día sobre los problemas de la sexualidad en tales términos como si la orientación sexual en sí misma, independientemente de su ejercicio, fuese algo desordenado, pecaminoso e intrínsecamente malo. Expresarse así, usando la palabra pecaminoso para referirse a la orientación en sí misma, es algo que va contra lo que está explícitamente dicho tanto en el catecismo de la Iglesia católica como en la declaración de la Congregación de la fe acerca de la no discriminación de personas al tratar ese tema. Opiniones como éstas hacen un flaco favor a la iglesia que representan y a la ortodoxia que desean defender. Por eso, por fidelidad a la Iglesia, por sentirnos iglesia y sentirnos en la iglesia, nos vemos obligados, no sólo a sentir con la Iglesia sino, en algunas ocasiones, a disentir en la iglesia, a disentir razonable y responsablemente dentro de la iglesia. (Nótese que no he dicho disentir ?de? la iglesia. El que está fuera disiente ?de? la iglesia, los que estamos dentro, disentimos ?en? la iglesia, sintiendo la responsabilidad de hacerlo y la responsabilidad de hablar). Y no olvidemos que la iglesia no es como esos partidos políticos en los que si te mueves no sales en la foto.

También escuchábamos el otro día a otra personalidad eclesiástica hablar sobre el final de la vida confundiendo la legalización de un comportamiento con la despenalización y confundiendo la despenalización con la aprobación y recomendación. Otro responsable eclesiástico confundía el estudio escolar del hecho religioso con la imposición obligatoria de la religión. No habría leído lo que dice la encíclica Redemptoris missio sobre la fe, que ?no se impone, sino se propone?. Y también hemos oído a personas católicas hablar sobre laicidad de la sociedad civil, como si fuera algo malo. Se ve que no conocen la Constitución sobre la Iglesia en el mundo actual, del Concilio Vaticano II.Todo esto produce la impresión de una iglesia quejumbrosa, pesimista y gruñona, que habla más del pecado que de la esperanza. Me recuerda los versos de Calderón en La vida es sueño:Que tal placer habíaEn quejarse, un filósofo decía,Que a trueque de quejarseHabían las desdichas de buscarse.Un último ejemplo. En el año 2001 se debatió en Japón sobre la legislación acerca de las técnicas de clonación; era una ley que, rechazando la clonación reproductiva dejaba abierta la puerta a dos posibilidades: el uso de embriones sobrantes de técnicas de fecundación in vitro y el uso, controlado y regulado públicamente, de técnicas de clonación con finalidad no reproductiva, con miras a sus resultados en medicina regenerativa. En esa ocasión nuestro Instituto de Ciencias de la Vida, de la Universidad Sophia, la universidad de los jesuitas en Tokio, apoyó positivamente esa legislación, que me parece bastante prudente a la vez que abierta.

Precisamente con ocasión de la visita a Japón del Padre Javier Gafo, que asesoró al Comité de la Vida de aquella Conferencia episcopal, compartió nuestro Instituto con él las conclusiones del Comité de Expertos sobre Bioética y Clonación, publicadas por la Fundación de Ciencias de la Salud en Madrid. Estábamos de acuerdo en evitar posturas extremas y en distinguir, como hacía ese comité, dos niveles en el razonamiento moral: el exhortativo y el prohibitivo. Una cosa es manifestar reservas hacia determinada práctica, percibidas como vinculantes para uno mismo desde la propia cosmovisión, y otra cosa es pretender imponerlas forzosamente a los demás en una sociedad plural que no comparte necesariamente esa cosmovisión. De hecho, el texto inglés de las conclusiones de ese comité fue muy bien recibido entre los colegas japoneses, por contraste con el insuficiente aprovechamiento que se ha hecho de él aquí en España. Confío en que se va a aprovechar mejor en las próximas etapas legislativas, pues hace tiempo que estamos necesitados de una reforma de conjunto en temas de bioética, así como de una comisión científica y éticamente imparcial a nivel estatal.

Así percibo estos problemas y así lo he querido compartirlo con ustedes, con sinceridad humana y cristiana, desde una fidelidad a la fe y a la iglesia que nos urge y apremia a disentir dentro de la iglesia. No sí si alguien pensará que decir todo esto es imprudente, yo creo sinceramente que no decirlo es lo que sería inmoral. Que la fe nos anime siempre a hablar más de la esperanza que del pecado, a optar por la paz en vez de la guerra, por el talante de encuentros y diálogos, en vez de los conflictos, crispaciones y confrontaciones.

The following two tabs change content below.

Dos Orillas

Latest posts by Dos Orillas (see all)

You may also like...

Deja un comentario