Del deporte a la alienación

Cayó la noche, y junto a esa fuente había gente llorando. Bajé la ventanilla y me sorprendió verlos por el suelo, con su equipación oficial, emulando a cualquier hooligang, desgarrados por el fútbol, su equipo había descendido. Ya en casa, encendí el televisor y se asomaron aficionados y aficionadas, aquí llegó la diversificación, ebrios de alegría porque el equipo de la ciudad se quedó en primera. También con su equipación oficial, maravillosamente publicitada. Un enorme escaparate de felicidad y, por supuesto, de publicidad. Pensé cómo el “deporte” de masas había traspasado las barreras del entretenimiento y el ejercicio, transformándose en un maravilloso canal para arrojar frustraciones, para mercantilizar a las personas convirtiéndolas en vallas publicitarias, para asegurarse poder, para ser agresivos con justificación, para llorar colectivamente. Y me apené al comprobar tanta energía desaprovechada, tanta necesidad que tenía mi ciudad desatendida, tanta manipulación soportada. Menos mal que me acordé del “carasucia” de Galeano, que saliéndose del libreto comete el disparate de lanzarse a la prohibida aventura de la libertad”.

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Andrés García

voluntario de 2Orillas, participa de la columna de prensa "La otra orilla" y del programa de radio "Señales de Humo"

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