Democracia Real: Participación y Proyecto

¿Para qué vamos a levantarnos del sofá y salir a la calle? Pues para construir una sociedad nueva. Echarse a la calle para abandonar la depresión colectiva, para hacer nuestra parte de la revolución, o como leía el otro día: salir a la calle “antes de que te dejen en ella”. Participar, y participar, y errar participando…
Ayer se acusó en decenas de ciudades españolas a los poderes políticos y económicos de dar la espalda a la ciudadanía, de promover una gestión antisocial de la crisis que preserva los privilegios de los que más tienen condenando el futuro de la mayoría. Ayer se gritó en la calle en favor de una Democracia donde la participación colectiva sea la que marque el ritmo y consiga recuperar el Estado del Bienestar en vías de extinción. Y es curioso señalar, como ha ocurrido antes en Londres o Lisboa, que este acto de protesta ha sido impulsado por ciudadanos que no quieren responder a ningún grupo organizado o partido político, huyendo de los símbolos particulares, y que al menos que yo sepa no tienen un plan ulterior; No son los denominados movimientos sociales, ONGs o “antisistemas” de estos últimos 20 años. ¿Está teniendo más éxito la recurrente indignación que la militancia perseverante?
Sobre el meollo de la exigencia, promover una democracia realmente participada, nada que objetar. Tras años de enquistamiento ya es hora de superar el interesado conflicto entre el Estado y la sociedad civil, otorgando a ésta última el verdadero protagonismo que edifique al primero. La reforma laboral, el pensionazo, los recortes sociales, la corrupción política, la especulación urbanística… exigen una respuesta masiva y contundente, pero que no se nos olvide, desde una acción política definida. Y aquí aparecen mis dudas con este nuevo tipo de movimiento ciudadano. Una sociedad nueva necesita de una acción política capaz de aspirar a un sistema sociopolítico y económico no dirigido por el capital privado, capaz de tener un proyecto sobre el que trabajar.
Un proyecto que pueda edificar sobre principios de justicia social y ecológica, donde compartir con los pueblos del sur o el abandono del crecimiento indefinido sea más urgente que cualquier otra cuestión.
Estamos perdiendo la gran oportunidad que esta profunda crisis nos está ofreciendo y los “culpables”, a golpe de reforma conservadora, están ganando. Tenemos que aprovechar la coyuntura para repensar nuestra sociedad, para renovar nuestra democracia, para practicar “otras” opciones políticas… y eso se hace participando, abandonando el sofá por la calle, pero también llevando un plan bajo el brazo, si no seremos observados con curiosidad pero sin miedo. Hay que añadir indignación a la militancia, futuro a la desesperanza, humanidad a nuestra sociedad.

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Andrés García

voluntario de 2Orillas, participa de la columna de prensa "La otra orilla" y del programa de radio "Señales de Humo"

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