Derecho al Agua

De aquellos polvos estos lodos. Si hace un año vimos cómo se malvendía la mitad de Aguas de Huelva, supuestamente por la falta de liquidez del Ayuntamiento de la capital. Ahora comprobamos que ni siquiera ese argumento justifica que se ponga en manos privadas los bienes públicos, como el agua.

Un año después de aquella operación, el Consistorio informa a las asociaciones de vecinos que no se podrá seguir haciendo cargo del suministro de agua de estas entidades. Que ni puede pagar, porque sigue sin liquidez, ni puede facilitar el suministro gratuito, porque este ahora está en manos privadas.
Es el mismo argumento que van a empezar a escuchar otras entidades y, sobre todo, otros ciudadanos que no puedan pagar.

El agua es un derecho, no un bien de consumo. Y así se recoge en la Declaración de Dublín sobre Agua y el Desarrollo Sostenible, que dice que “La escasez y el uso abusivo del agua plantea actualmente, nuevos problemas que afectan no sólo al hombre, sino también a los ecosistemas.” Esto, sin duda nos obliga a hacer una reflexión sobre el uso que se hace de este bien y requiere de impulsar un uso responsable del mismo. Y, a lo mejor, el pago de cuotas sirve para ello. De acuerdo también con que las administraciones deben huir del “clientelismo”, de sobra conocido por todos.

Sin embargo, tal y como se vienen desarrollando los acontecimientos, mucho nos tememos que la verdadera causa de este movimiento es el mero interés recaudatorio. Ya lo sabemos: las empresas suelen regirse por el beneficio y buscan todas las formas posibles para que este sea más y más y más… Y si el agua se gestiona por una empresa, es comprensible que esta se rija por ese principio del máximo beneficio. Así que sobran prebendas, miramientos y actitudes “benéficas”.

Pero uno no deja de sentirse idiota. Ve delante de sus narices cómo siguen robándonos lo que es nuestro y seguimos impasibles. No es cuestión de si las asociaciones deben pagar o no. Es cuestión de que hace un año pocos protestaron por la privatización del agua, lo mismo que pocos protestamos en su momento por la privatización de empresas tan rentables como Telefónica o Argentaria -dijeron que la gestión sería mejor, ¿se acuerdan?- y ahora sólo podemos lamentarnos por la cantidad de ingresos que se están embolsando los listos en cuyas manos pusimos estas empresas, mientras vemos cómo se recortan prestaciones, servicios, inversiones… No parece que haya muchas posibilidades de retorno, ni ganas. Por lo que ahora sólo podemos lamentarnos de que hace mucho tiempo que matamos la gallina de los huevos de oro y ahora ya no hay crédito. Mientras, en algún lugar del mundo, alguien se frota las manos. No era el agua lo que nos robó, era el futuro. Y el futuro, como dijo aquel, ya está aquí.

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Javier Rodríguez

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