Derecho Canónico

Era el 8 de noviembre de 1963 y en el pleno del Vaticano II se estaba discutiendo
el esquema “De los obispos y de la dirección de las diócesis”. Pide la palabra el
Cardenal Josef Frings, 76 años,

Y en latín con acento alemán, critica que “el Santo oficio esté por encima del
derecho común de la Iglesia”. Pide que también el Santo Oficio se someta a las normas
del Código de Derecho Canónico y que diferencie el procedimiento administrativo y el
judicial. Añade: “Los procedimientos del Santo Oficio no se corresponden ya en
muchas cosas al tiempo de hoy, perjudican a la Iglesia y para muchos son un
escándalo”. Entonces se escucha un fuerte aplauso en el aula Conciliar.

En las actas impresas de ese día se lee “son un escándalo para los no católicos”.
¿Quién sería el responsable de esta manipulación?.

“Es exigible, acaba el cardenal Frings, que tampoco en esta Congregación nadie sea
acusado, juzgado o condenado en relación con la verdadera FE sin haber sido
previamente oido él y su obispo ; sin conocer antes los cargos que se aducen
contra él o contra el libro por él escrito., sin que se les de antes la oportunidad
de corregirse él o de corregir el libro”.

El atronador aplauso en el aula al concluir las intervención del Cardenal Frings
no quedó anotado en el libro de actas.

Inmediatamente tomó la palabra el cardenal presidente del Santo Oficio: “Permítanme
que replique muy solemnemente (“altissime”) a las palabras que se han dicho
contra esta Suprema Congregación del Santo Oficio, que preside el propio papa…
Tales manifestaciones proceden del desconocimiento , por no emplear un término
peor”.

Lo más interesante viene ahora.

¿Quién es el asesor teológico del Cardenal Frings, que tendría el mérito de esta
toma de postura?. Pues nada menos que el Cardenal Joseph Ratzinger.

En esos años había escrito lo siguiente el teólogo Ratzinger:
_ “Escándalo intencionado y por lo tanto culpable, de que con el pretexto de
defender los derechos de Dios, se defiendan sólo una situación social determinada
y las posiciones de poder en ella conseguidas. Escándalo secundario
intencionado y por lo tanto culpable es que , con el pretexto de defender la
inmutabilidad dela FE , no se defienda más que el propio estancamiento. Escándalo
intencionado secundario y por lo tanto culpable es que, con el pretexto de
proteger la integridad de la Verdad , se eternicen opiniones académicas que en un
momento se impusieron como cosa natural, pero que ahora llevan tiempo necesitando
ser revisadas y que vuelva a plantearse cuales son ahora las verdaderas exigencias
de lo originario. Pero, lo peligroso es que ese escándalo secundario intencionado
constantemente se confunde con el escándalo primario (el evangelio mismo) y con
ello lo hace inaccesible, ocultando la pretensión específicamente cristiana y su
gravedad tras las pretensiones de sus mensajeros. (El nuevo Pueblo de Dios, 1961,
pags. 302-321)

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Paco Oliva Alonso

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