Derechos y delincuentes

Con relativa frecuencia, se suele tildar de extremista, peligroso o incluso delincuente a quien padece hasta las últimas consecuencias la imposibilidad de acceder a una vivienda digna. Pero, ¿cómo va a ser eso?, diran algunos; acto seguido viene la más fácil de todas las justificaciones: si están así, en chabolas o infraviviendas aún, en la España del siglo XXI, será por no trabajar, ser vagos o acostumbrarse a este tipo de vida marginal. Y cuando determinados grupos no quieren seguir esperando “soluciones habitacioneles”, planes de realojo, de erradicación del chabolismo, y recurren a la ocupación ilegal de propiedades abandonadas, el peso de la ley cae con todo su rigor (recuérdese incluso de modificó el Código Penal pensando en estos supuestos). Es fácil decir que todos tenemos derecho a la vivienda, pero cuando aún viven en la calle o en asentamientos chabolistas como los de Lepe, Moguer o el Vacie, en Sevilla, es signo inequívoco de que algo no funciona. Por eso, al presenciar los lamentables espectáculos de especulación de estos días, da la impresión que perdemos de vista la verdadera razón de su inmoralidad: lo menos importante es que se enriquezcan unos pocos negociando con la vivienda, lo peor es que se perpetúa la situación de pobreza de los más débiles.

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