Desahuciados

Nos preocupan los desahuciados de hoy. Esos que, de pronto, porque las cosas han venido mal, se ven en la calle, sin su vivienda y con una carga de fracasos en la mochila difícilmente soportable. Nos indigna lo que están haciendo los bancos, la impunidad con la que actúan y la inoperancia de unos poderes públicos que sólo se atreven a tomar medidas hipócritas, que maquillan la situación pero que no atacan el fondo de la cuestión.

Nos sentimos identificados y solidarios con las plataformas de afectados por la hipoteca. Estaremos pendientes de los desahucios que pretendan ejecutarse a partir de ahora, animamos a manifestarse contra ellos, a intentar impedirlos. La presión ciudadana se ha mostrado como el arma más eficaz contra ellos.

Pero esto no debiera preocuparnos sólo cuando la cifra de ciudadanos afectados por este drama es abultada. Ya había desahuciados en 2.006 y en 2000. No se llegaba a las cifras de hoy, pero eso no quita ni un gramo al drama que sufrían los desahuciados de entonces. Si acaso lo añadía, porque muchos de los que hoy claman contra unas “leyes injustas” entonces las justificaban y amparaban. Las víctimas de entonces tenían que bregar, además, con la incomprensión. “Es que no quiere trabajar”, “es un sinvergüenza que no paga sus deudas”…

Ahora pocos se atreven a usar esos argumentos que ocultan el hecho de que asuntos como la vivienda nunca han sido vistos aquí como derechos, sino como premios al esfuerzo del trabajo, a la previsión y el ahorro y a la sumisión a las leoninas condiciones exigidas por los bancos.

Muchos de los desahuciados de entonces siguen en la calle, es el grupo al que se están sumando de una manera tan vertiginosa cientos de ciudadanos. Cáritas denuncia que la cifra de personas sin hogar se ha multiplicado.

Pero incide en que la causa que conduce a la calle no es, exclusivamente, la política hipotecaria. Muchos de eso mil sin hogar han sido desahuciados no por los bancos, sino por la política migratoria que premia a los ricos con permisos “exprés” pero condena a los pobres a la marginación, la invisibilidad y la falta de oportunidades. Otros muchos han sido desahuciados por la política de menores que pretendió hacerse cargo de sus vidas -porque, supuestamente, los progenitores no podían hacerlo-, pero a la hora de la mayoría de edad desampara totalmente a una persona a la que debía haber conducido, digo yo, a otro lado. Otros han sido desahuciados por la política penitenciaria que debía procurar la “reinserción” pero sólo genera más exclusión…

Mucho desahuciado que nos recuerda hoy, Día de las Personas Sin Hogar, que debíamos cambiar la mirada y grabarnos a fuego, cuando hablamos de vivienda, salud, educación, trabajo… el eslogan: “Son Derechos, no Regalos”.

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Javier Rodríguez

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