Desde el tractor

Se recostó en el tractor con una amplia sonrisa. El 2006 iba a ser un buen año, seguro. De todas formas las cosas difícilmente podían ir peor: el precio del café estaba por los suelo, apenas cubrían gastos. Todo el margen se lo llevaban los intermediarios, y ellos, los agricultores, tan sólo recibían un 13% del precio final: un robo. Por eso difícilmente podían empeorar las cosas. Pero además: esas campañas de sensibilización sobre las injustas reglas del Comercio Internacional empezaban a notarse, y cada vez había más cooperativas que comercializaban su café a través de estas redes, con precios más altos. Aún era insignificante, pero crecía la demanda. Eso era una esperanza grande. Y esas protestas, cada vez más articuladas, contra el desigual intercambio comercial norte sur, también suponían una esperanza. Ser un agricultor del sur con esperanza resultaba algo contradictorio, pero así se sentía él, recostado contra el viejo tractor, disfrutando de la primera jornada de trabajo de aquel año que, sin duda alguna, traería mucho bueno para él y su gente. Entonces arrancó el motor, miró hacia delante y siguió trabajando.

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Gonzalo Revilla

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