Desigualdad

Hace poco que Mark Zuckerberg, fundador de Facebook, ha donado el 99% de sus acciones a la investigación médica y otras causas caritativas. La cuantía del regalo, con motivo del nacimiento de su hija, no es desdeñable, unos 45000 millones de dólares, y colocan a Zuckerberg entre los grandes filántropos mundiales, al nivel de ricachones ilustres como Soros, Gates etc. Sin cuestionar el gesto del joven magnate, me pregunto cómo puede pasarse por alto la vergonzosa e indigna desigualdad que está detrás de ese altruismo. Zuckerberg dona una parte de lo que le sobra a él y a su familia. Y para que a ellos les sobre tanto, ¿cuánto ha de faltarle a tantos millones de personas en el mundo?

El aumento de la desigualdad a nivel mundial viene de lejos, de aquella revolución conservadora de los años 70 y 80 en que las potencias mundiales estrangularon la economía de los países más pobres con el alza de los tipos de interés sobre su deuda externa. Cuatro décadas más tardes los efectos de esa acumulación de capital se extienden a todo el mundo, con el desmantelamiento del Estado del Bienestar, la precarización del empleo y la crisis-estafa que ha puesto a las estructuras políticas al servicio del mercado. Vivimos el momento de desigualdad mayor de la Historia: 85 personas tienen una riqueza equivalente al patrimonio de la mitad de la Humanidad. Y esto sucede en tiempo de regímenes democráticos, lo que evidencia el secuestro de la democracia en una sociedad en la que los pobres votan a los partidos de los ricos y consienten las políticas que perpetúan este estado de cosas.

¿Qué nos pasa? ¿Cómo hemos llegado a perder la sensibilidad para aplaudir a un señor que dona una cantidad indecente de millones, con el fin de solucionar problemas… que su misma riqueza ha contribuido a crear? ¿Cómo no reaccionamos al ver que la riqueza extrema del 1% continúa agrandándose y arrinconando al 99% restante? ¿A qué exiguo porcentaje de tarta habremos de ser reducidos, para que despertemos y decidamos poner fin a esta situación extremadamente injusta de la humanidad?

Estamos presos del hechizo que nos convence de que las cosas son así, ya se ha encargado el sistema de anestesiarnos. Pero los espíritus más despiertos llevan tiempo avisando de que es preciso cambiar las reglas del juego antes de que se dé una explosión social y ecológica impredecible. En realidad solo haría falta una regla sencilla: que a nadie le sobre, para que a nadie le falte. Alguien debería colgarlo en Facebook.

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Mª Angeles Pastor Alonso

Columnista de "La otra orilla", colaboradora en "Señales de Humo" y pieza en construcción de varios puzzles. Para completar da clases de Lengua.

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