Desigualdad Educativa

La tutoría colectiva estaba llena de madres, sólo un padre apareció en un claro síntoma de viejo machismo. Antes de entrar se habló sobre todo de desempleo, no en vano era un colegio público de un barrio obrero. Tras dejar claro el tutor cuáles serían los objetivos educativos del año, pasó enseguida a hacer recuento de carencias: los ordenadores seguirían sin funcionar, no había técnicos; las excursiones se reducirían aún más, el presupuesto no daba para más; si algún maestro se ponía malo habría problemas añadidos, no había recambio; y tampoco habría verbena, las madres y padres participaban muy poco. Tras la retahíla de rigor las madres debían decidir si compraban de manera cooperativa los materiales del año, el colegio no imponía ningún modelo al respecto. Lo de organizarse fue un largo problema: que si había familias que no podrían pagar hasta finales de mes, que si otras no podrían hacerlo nunca, etc. Total, que de la precariedad estructural se pasó a la familiar y, al final, a la discriminación: “Me niego a que los niños cuyas madres no paguen nada tengan acceso al material” (frase textual) ¿Qué ocurre aquí? ¿Podemos soportar escuelas públicas con un sólo crío sin material escolar, estén o no sus padres a la última pregunta o sean o no unos inconscientes? Aparece un enorme problema con el principio de igualdad educativa, no hay quien lo tutele. Por cierto, en otras aulas el problema se solventa rápido, hay menos concentración de pobreza.

La Administración Central bombardea a la Educación pública recortando, sembrando el desconcierto con una ley imposible de poner en marcha y con una clara predilección por las escuelas privadas. El sueño de una escuela pública y universal garante de una sociedad inclusiva, apoyada subsidiariamente en conciertos con instituciones privadas, va esfumándose.

Por otro lado la Junta de Andalucía manifiesta la no disminución del número de docentes, el fomento del bilingüismo y el impulso de una educación más tecnológica. Sin embargo la realidad es que no hay medios ni método para que eso se consiga, ni un plan educativo que disminuya el abandono y el fracaso escolar. Y por último, es fundamental el compromiso decidido de un profesorado que asuma como un reto la incorporación de muchos progenitores al liderazgo en la educación de sus hijos, aunque convivan con situaciones de fragilidad y pobreza dramáticas.

Al final, el ambiente en esa clase de ese colegio público era de derrota, no de optimismo y sueño con un futuro igualitario. Urge responder.

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Andrés García

voluntario de 2Orillas, participa de la columna de prensa "La otra orilla" y del programa de radio "Señales de Humo"

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