Desigualdad

España es el país de mayor desigualdad de la eurozona, el país donde más ha crecido la diferencia entre ricos y pobres, dicha diferencia ha aumentado en los últimos años un diez por ciento. Así el consumo de productos de lujo ha ido en aumento, mientras la pobreza ha crecido hasta cotas alarmantes. Dicho de otra forma, los ricos son los de siempre, pero cada vez más ricos, mientras que los empobrecidos son más y más pobres que hace unos años. No parece que las recetas aplicadas por el gobierno de España estén dando resultado, a pesar de la satisfacción de nuestro presidente y sus ministros.

Esta semana hemos sabido que en nuestra provincia una cuarta parte de la población está por debajo del umbral de la pobreza. Más de treinta y cinco mil familias onubenses vive por debajo de esta umbral, vive sin poder plantearse un futuro, sin saber si sus hijos van a poder seguir comiendo, vistiéndose, viviendo bajos un techo. Más de treinta y cinco mil familias onubenses no saben si van a conseguir un trabajo digno, una vida digna. A todo esto hay que sumar el desempleo cada vez más creciente, los desahucios, la subida de los impuestos indirectos y el empobrecimiento general de la población, cada vez con menos recursos y con más gastos. Mientras tanto, el noventa y cinco por ciento de las empresas españolas que cotizan en el IBEX tiene su dirección en paraísos fiscales, las jubilaciones de los banqueros son supermillonarias, nuestros dirigentes políticos cobran sobresueldos y los equipos de fútbol gastan el oro y el moro en fichajes galácticosy deben dinero a Hacienda.

Lo dicho, la desigualdad creciente, la distancia entre pobres y ricos se ha acentuado gracias a la estafa cometida por los mercados financieros. Los gobiernos miran para otro lado, nos venden humo y mentiras y favorecen como siempre al capital y sus profetas. En esta nueva religión del mercado los sacrificados son los que menos recursos tienen. El dios mercado quiere sangre y sus sacerdotes -los gobiernos europeos- se la sirven en forma de paro, pobreza, desahucios, hambre y miseria y siguen tranquilos, saliendo a la calle y sonriendo ante las pantallas de plasma. ¿Hasta cuándo? Que no olviden que cuando la gente no tiene ya nada que perder, también pierde el miedo a salir a la calle y exigir sus derechos. Así empezaron todas las revoluciones.

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Dimas Haba

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