Destino maldito

Para mucha gente el destino es una losa pesada y testaruda. Francisco era una de esas personas, y por más esfuerzos que había hecho durante toda su vida por escapar de su destino, sólo había logrado efímeras victorias: contra el alcohol, contra la soledad, contra la pobreza… A pesar de su destino maldito no había dejado de ser optimista, un optimismo de baja intensidad, sin pretensiones, pero optimismo a fin de cuentas, y con esa actitud se enfrentaba a la última etapa de su vida. Había recuperado, después de tanto años, la relación con su hermana, y con esos pequeños agarraderos se atrevía a ser feliz, aunque con la conciencia clara de que, para él y para la gente como él, la felicidad no es un derecho, sino una conquista. Francisco no era un ganador, tal como la sociedad entiende, nunca le dedicarían una calle, ni siquiera un aplauso. Pero sin duda era un luchador de raza, tan testarudo como su destino maldito.

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Gonzalo Revilla

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