Devuelvan lo robado

Nos vamos enterando a cuentagotas del robo gigantesco que se ha perpetrado en este país (y en gran parte del mundo) durante las décadas pasadas. Y sospechamos que nos enteramos sólo de una mínima parte de lo que realmente ha sido. Resulta que banqueros sin escrúpulos, constructores piratas, políticos corruptos y hasta guapísimos yernos reales han estado desviando fondos, cobrando comisiones torticeras, sobornando y dejándose sobornar, metiendo la mano en el dinero público… y todo ello con el mayor de los descaros, en una vergonzosa impunidad. Resultado: miles de millones de euros han sido sustraídos, y están a buen recaudo en paraísos fiscales.

Ahora algunos están pasando por el banquillo. No muchos: cabezas de turco para escenificar un escarmiento. Y los ciudadanos asistimos, entre cabreados y perplejos, a esta puesta en escena. ¿Es suficiente? Creo que no, porque en ningún momento vemos devolver a estos ladrones lo robado, como esos piratas que acababan colgados de un palo, mientras sus tesoros permanecían ocultos en alguna lejana isla desierta. Y lo que es peor: pretenden (ya lo están haciendo) que ese robo sea compensado por los que no tuvieron nada que ver.

Ahora es cuando me revisto de ingenuidad y hago la pregunta que me ronda desde el comienzo de este artículo: ¿es posible que estos señores y señoras se planteen devolver lo robado? Puede parecer improbable, pero, ¿por qué no? Sería un ejercicio de ética, de pundonor, de arrepentimiento. Ellos (los piratas) saben que lo que hicieron no estuvo bien, nada bien. Algunos presentarán sus patentes de corso, y se justificarán con mil peregrinas razones. Pero saben que han robado. ¿No podrían devolver lo sustraído? Inyectarían en nuestras maltrechas economías un montón de millones que ayudarían a remontar este situación de crisis, y seguramente sus conciencias quedarían aliviadas.

Les advertí que resultaría ingenuo, pero creo que es viable. Quiero pensar que entre tanto ladrón hay alguno capaz de tomar la iniciativa, de dar un paso al frente y decir “esto no es mío, y lo devuelvo, ahí lo tienen”. Y tal vez algunos más seguirían su ejemplo, y la ética prendería entonces como un reguero por todo el país… Porque hay cosas que son de sentido común: para restaurar un robo lo más convincente es devolver lo robado. De nada va a servirnos que estos tipos se paseen por lo juzgados rodeados de abogados, ni que pasen un par de años en la cárcel, ni que sean expulsados de sus partidos respectivos. Pero si tuvieran el suficiente coraje y un mínimo de ética podrían devolver a las arcas públicas lo que nunca debió salir de ellas. Un último renglón para insistir en mi ingenuidad: señores ladrones, hagan el favor de devolver lo robado. Cuanto antes.

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Gonzalo Revilla

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