Día de la tolerancia

Pedir tolerancia es conformarse con poco. Pero ese poco, en los tiempos que corren se convierte en mucho. Lo razonable sería que aceptáramos al otro como un sujeto igual en derechos a nosotros, lo conveniente, en este momento es que pidamos, al menos, tolerancia: con las diferencias culturales, con los distintos tonos de piel, con cada manera de entender la vida, con tantas cosas… La sociedad del miedo que se ha promocionado es refractaria a la tolerancia, prefiere la sospecha de lo malo al acercamiento al que te puede aportar mucho bueno, el “hasta aquí podíamos llegar” al intento de comprender al otro, el temor a no se qué enfermedad a la alegría de encontrar nuevos amigos. Nos queda mucho de esa sociedad que señalaba cruelmente al diferente, que lo apartaba, que lo marginaba. Por eso es un pequeño paso aprender a tolerar al que no piensa, no es, no se comporta exactamente como yo. Mejor sería que nos diéramos cuenta de que esas diferencias no son un problema que hay que aprender a tolerar sino una posibilidad, una riqueza (según estudios solventes más de la mitad del crecimiento del PIB de la década pasada lo aportó la inmigración).

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Javier Rodríguez

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