Diez Héroes

En poco menos de hora y media me abordaron en la calle diez supervivientes. Se hacían pasar por simples vendedores ambulantes, pero no, yo conozco algo de sus historias y realmente no lo eran, dejarían en calzoncillos a muchos héroes de pelis hollywoodenses. Sólo había que ver cómo se reían mientras me ofrecían discos, chalecos o relojes, tenían un humor excelente, parecía toda una estratagema para esconder una verdadera identidad, ¡nadie normal sonreiría tras un “no gracias” con la que está cayendo! Y para colmo la mayoría de esos diez supuestos vendedores parecían subsaharianos, de los que no tienen papeles de aquí, pero sonreían, no había coherencia entre su desprotección y la serenidad de sus caras; sin duda alguna, eran héroes.

“Éstos sí que estaban preparados para una crisis”, cavilé. Si te paras a hablar con alguno de ellos te das cuenta del tamaño de su proeza: viajar sin nada en los bolsillos durante un año a través de desiertos y montañas, casi siempre de noche para no ser detenidos; pasar otro año más en la frontera de Marruecos soñando el paraíso, y, al final, jugarse la vida en mar abierto sobre una barca de juguete. Y aún así, repito, sonreían, parecían optimistas, no parecían desfallecidos ni enloquecidos. No me cabe ninguna duda sobre su verdadera naturaleza. A miles de kilómetros de estos diez supervivientes quedaron sus madres e hijos. Y aquí se toparon de frente con la explotación y el desaire, trabajando la mejor de las veces por un miserable jornal, y la mayoría paseando un canasto de CD o mendigando en un semáforo. Y aún así, cuando me abordaron, seguían caminando, convencidos y entusiasmados con un porvenir de justicia y abundancia. Claramente comprendían mi aturdimiento y el de los que me acompañaban pues no añadían leña al fuego, se ve que sabían mucho de crisis, se aceraron con una sonrisa y se fueron sin molestar. Y nosotros, de espaldas, casi sin girarnos, casi sin comprender nada.

Y después de que fueron seguí cavilando. Habría que aprovechar la inmigración, su fuerza, y no pretender criminalizarla. Habrá que aprender de ese empaque tan optimista, buscando dónde está su fuerza. Habrá que oponerse a cualquier propuesta de xenófobos asustados. Habrá que salvar la hospitalidad, como dice la campaña que circula por internet. Pero sobre todo, habrá que darse la vuelta y mirar hasta el fondo. Ahí detrás hay un héroe del que aprender.

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Andrés García

voluntario de 2Orillas, participa de la columna de prensa "La otra orilla" y del programa de radio "Señales de Humo"

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2 Responses

  1. Carmen dice:

    “… a ver si Europa se entera que no hay que ponga barreras al sueño de la esperanza. Que el mar se aferra a un sueño y el sueño mueve las barcas…” que dice la canción del Sosa.

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