¿Dignidad al 0,0%?

AYER me acerqué a ver la exposición situada en la estación de tren de Huelva sobre lo que supusieron las acampadas del 0,7 del año 1994. Me acordé de la sensación de dormir en mitad de la ciudad en una tienda de campaña, de la excitación que experimentaba al participar en una reivindicación generalizada en una España que empezaba a ser rica. También reviví la sensación de éxito cuando, uno tras otro, los ayuntamientos y el resto de administraciones iban comprometiéndose con aquella demanda tan sencilla, poniéndose el objetivo progresivo de alcanzar el mítico 0,7% de la Renta Nacional Bruta para ayuda al desarrollo. En aquel momento, y como sucediera hace unos años con el 15M, una acampada improvisada en Madrid ante las puertas del Ministerio de Economía y Hacienda sirvió de revulsivo para que decenas de ciudadanos acamparan en sus ciudades, generando un movimiento que reclamó con voz firme una mirada solidaria hacia el sur. Aquello fue el origen en este país de una verdadera política de cooperación internacional, que ha acompañado el desarrollo de muchas comunidades en países empobrecidos de una manera ejemplar, y que ha actuado inmediatamente en decenas de catástrofes humanitarias. ¿Se acuerdan de las tragedias que supusieron el huracán Mitch en 1998, o del horror y la miseria derivada del genocidio de Ruanda años después? Pues allí estuvo la cooperación española.

Según Intermón Oxfam, desde que en 2009 se alcanzara el techo de la ayuda con un 0,46% de la Renta Nacional, ha caído un 70% el aporte de nuestras administraciones a nuestras políticas de ayuda al desarrollo, el mayor descenso de cualquier país de la Unión Europea. En general, salvo indecentes ejemplos como las promesas incumplidas por el Ayuntamiento de Huelva en esta materia, sí había un incremento progresivo en la cantidad económica destinada y una mejora clara en la gestión de esos fondos. ¿Y por qué, entonces, ese frenazo?

Ahora que nos ha tocado sufrir las consecuencias de las tropelías de los dueños del capital, ¿nos olvidamos de nuestros compromisos? En los años que han pasado desde aquellas históricas acampadas hemos conocido hechos que refuerzan la idea de que vivimos en una aldea global, en la que no habrá salvación para unos, sino sólo para todos. El 0,7% de nuestra riqueza no es nada en comparación con los recursos que hemos esquilmado a muchos pueblos del sur, pero pretendía ser la línea que marcara nuestra dignidad como vecinos. ¿Dónde la situamos, podemos vivir en el 0,0%?

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Andrés García

voluntario de 2Orillas, participa de la columna de prensa "La otra orilla" y del programa de radio "Señales de Humo"

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