Domingos, cerrado

Mientras usted lee este artículo, los periodistas del diario están preparando la edición de mañana para que la información no falte en su quiosco. Hace unas décadas existía la Hoja del lunes, único periódico autorizado a publicarse ese día porque los trabajadores, también los de la prensa, tenían garantizado el descanso en domingo. Ya nadie se acuerda de eso: para muchos el domingo se trabaja, y para el resto es día de ir a comprar. Abren los grandes almacenes, los centros comerciales y muchas tiendas pequeñas, que tienen que sobrevivir. Y pronto –lo vemos ya en capitales europeas y en ciudades grandes – tendremos todo abierto a todas horas. ¿Le mola?

El derecho a comprar cuando nos plazca va camino de convertirse, pues, en norma consagrada, y el soporte legal que lo autoriza pregona que de esta forma se crea empleo, hay más competitividad y hasta baja la inflación. El plan cuenta con la bendición de los ciudadanos: como una parte de la población trabaja tanto durante la semana y no le da tiempo a comprar, tenemos a otra buena parte trabajando los domingos para que el resto de trabajadores explotados cambie su tiempo de descanso por tiempo de consumo.

Ahora entra usted en escena. Usted, que lee el periódico. Pregunte, averigüe, saque conclusiones, y verá quién gana con este invento. Desde luego, no los trabajadores de las multinacionales o grandes empresas, que no cobran ni un euro más por trabajar en festivo, soportan horarios ortopédicos y ven descolocada su vida familiar. La liberalización de los horarios no crea empleo (todo lo contrario, lo precariza aún más) ni es una conquista social, pero ha logrado que cada vez más nuestro ocio esté asociado al gasto. Y que estemos más idiotizados. Negocio redondo.

No es fácil mirar más allá. Cada vez que los sindicatos lanzan una campaña o promueven debates en las redes hay quien reivindica con toda su energía el sagrado derecho a comprar en domingo, como si la democracia entera dependiera de ello. Un paquete de arroz o unos zapatos comprados en domingo son tan vitales como una operación a corazón abierto, no pueden esperar. ¿De verdad 13 horas al día, 6 días a la semana, no son suficientes?

Esta lucha se libra en la calle y en la conciencia: si usted no va a comprar hoy, terminará por no ser rentable abrir los domingos y festivos, y los empleados del comercio podrán respirar un poco y vivir algo mejor. Podemos ser parte del problema o de la solución. Es cosa suya, mía, de todos.

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Mª Angeles Pastor Alonso

Columnista de "La otra orilla", colaboradora en "Señales de Humo" y pieza en construcción de varios puzzles. Para completar da clases de Lengua.

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