Economía circular

ecEuropa ha sacado, a finales del pasado año, un paquete de medidas que pretenden impulsar la economía circular. «Nuestro planeta y nuestra economía no podrán sobrevivir si mantenemos el enfoque del “toma, fabrica, utiliza y tira”. Tenemos que conservar los recursos valiosos y explotar plenamente todo el valor económico que atesoran». Eso dice el informe, entre otras cuestiones. Se trata, en definitiva, de hacer lo que ya hacíamos, de hacer lo que nunca debimos olvidar: que el planeta es finito, y que debemos minimizar lo que convertimos en basura, o acabaremos convertidos en basura cada uno de nosotros.

El concepto es claro: economía circular. Refiere a la idea de mantener dentro de los circuitos de producción los recursos disponibles, las materias primas con las que construimos, porque el hierro sigue siendo hierro, el cobre cobre, la madera madera, y pueden ser reutilizados en nuevos productos. Para un país como el nuestro, sin mucha minería, la principal fuente de minerales es el reciclaje, los desguaces. La economía circular, al fin, es pura supervivencia: ni el planeta tiene materias primas para proveernos infinitamente, ni hay sitio para seguir instalando vertederos.

Se que no va a hacerlo, pero aún así lo intentaré: vaya a la basura de su casa, de su oficina, y rebusque un poco. Le aseguro que el 90% de los productos que encontrará no deberían estar ahí: no son residuos, son materias primas. Habrá aluminio, madera, papel, cartón, plástico… y la inmensa mayoría fácilmente evitables. El exceso de embalajes es una de las peores prácticas de nuestra industria alimentaria, el embalaje tiende a pesar más que el producto, una locura.

Por no hablar de la maldita obsolescencia programada, que nos obliga a tirar electrodomésticos, bombillas, cuchillos, aparatos electrónicos… con apenas uso, aparatos que solían durar antes una vida, y que ahora apenas duran un año. Lo dicho: de locos.

El informe citado no dice nada nuevo. Al menos nada que los movimientos ambientalistas y las gentes con sentido común venían advirtiendo desde hace décadas. Pero es significativo que Europa lo ponga ahora negro sobre blanco. Quiero pensar que es un avance. Ahora queda que las Administraciones se hagan eco, que las empresas cumplan los objetivos y la legislación, que los ciudadanos nos demos cuenta de la urgencia de todo esto. No hay demasiado margen ya, estamos muy cerca de colapsar. Esto de la economía circular no es una ocurrencia: es una urgencia. Lean, pregunten, y, sobre todo, pongan en práctica todo esto.

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Gonzalo Revilla

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