Ejercito escolar

La esencia de lo militar es la guerra. El arma para un soldado es lo mismo que para un fontanero una llave grifa: su herramienta de trabajo. No nos llevemos a engaño: la misión del ejército no es repartir sonrisas y bolsas de comida a los pobres de la Tierra ni apagar fuegos en bosques jfcvFVMmilenarios. Todo ejército que se precie se prepara a conciencia para combatir al enemigo con el poderío de sus fusiles, misiles, fragatas, cañones, bombarderos… y la estrategia suficiente como para que ese poderío se dirija a hacer el mayor daño posible al enemigo.

Hay otros elementos importantes en todo ejército que se precie: la fuerte jerarquización, la uniformidad y la disciplina férrea, el estar regidos por códigos propios…

Desde todos estos elementos podríamos afirmar que, casi sin darnos cuenta, hemos asistido a un proceso de militarización de una sociedad que asume la ideología del “enemigo” sin ningún reparo y, con ello, justifica que se utilicen todos los medios necesarios para combatirlo y acepta la jerarquización, la uniformidad y la disciplina férrea en estamentos civiles de nuestra sociedad: naturalizando, por ejemplo, la presencia de cuerpos de seguridad privados en edificios públicos, educativos, establecimientos comerciales…

Hemos llegado a ese punto en el que no nos resulta extraño que el ejército se plante en los colegios o en eventos educativos con sus pipas y sus tanques a cantar las bondades de sus misiones “humanitarias”. Y en esto va una alcaldesa faltona -atea y anticlerical a más no poder, bolivariana, enemiga de las tradiciones y nuestras más profundas esencias, independentista y antiespañola- y se le ocurre decirle a un teniente coronel que, respetuoso, se acerca a saludarla, que a ella no le gusta que estén allí.

El frentismo, el sectarismo, la defensa de las respectivas facciones hace que, en vez de entrar en el fondo de este debate pasemos directamente a la descalificación del adversario, al uso de la anecdota como arma arrojadiza contra el contrario, generando un ambiente, a mi entender, cada vez más peligroso. Y obviando el debate. Debe ser otro efecto del militarismo cada vez más presente en la sociedad: en vez de dialogar y usar la diplomacia con el enemigo; desacreditarlo, tratarlo como un despojo, acabar con él.

No conduce a nada bueno esta dinámica: ni la de llevar misiles a los colegios ni la de llevar el sano debate al terreno de la guerra.

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Javier Rodríguez

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