¿El beneficio propio?

EL reciente nombramiento de la onubense Fátima Báñez como ministra de Empleo ha disparado la especulación en Huelva. “¿En qué nos beneficiará?”, se preguntaba a los representantes políticos. La pregunta en sí misma tiene un punto de partida estúpido, y es que pretender que la señora ministra deje caer algo en su ciudad refleja un evidente pensamiento simple y egoísta. Sería más lógico esperar que su buena praxis nos beneficie a todos por igual, vivan donde vivan. Más ejemplos. Algún lapsus parecido debió cruzar el otro día las mentes de aquellos aficionados sevillistas que jalearon al presidente Del Nido. ¿Asumimos el delito si nos va bien la cosa? O las elecciones que permiten a personajes lamentables mandar en ayuntamientos y parlamentos. Hay un individualismo materialista que sigue recorriendo el país de norte a sur, capaz de aceptar y acercar el delito a cualquier persona que ostente poder, y que otorga a la fortuna y a la especulación cualquier garantía de éxito. Detrás de tantos casos de corrupción anda ese pensamiento mezquino, incompatible con la justicia social como único espacio de convivencia o con la dignidad humana como principio moral, un pensamiento que concluye que todo vale si es en beneficio propio. Hobbes estaría contento. Igualmente, hay una clara incapacidad para participar en los proyectos colectivos, se espera siempre a alguien que solucione la papeleta, así es fácil que los intereses de todos sean suplantados por los de unos pocos, que hacen y deshacen a su antojo.

Hay que cambiar de tendencia y pretender el bien común, tan bien definido por los pensadores escolásticos de toda época. Si bien es difícil imaginar ideas tan liberales centrando el pensamiento político de una ministra conservadora, sí son exigibles principios éticos de conducta que no pretendan el beneficio propio, sino el de todos, en cualquier estilo de gobernanza. Los grandes problemas que hoy tienen la humanidad: cambio climático, pobreza, crisis de modelos socioeconómicos, etc., tienen un marcado carácter universal y sólo pueden abordarse con garantías de éxito desde una perspectiva altruista, donde el individualismo sea algo descentrado. Incluso para una persona que valore el egoísmo ético, en un contexto tan global, el propio interés es necesariamente el interés de todos; llegados a este punto, no hay otra salida. Quizás sea lo más positivo de los tiempos que corren.

No será fácil pasar del “qué me dará la ministra” al “gobierne usted para todos, señora ministra”, pues exige entender nuestra naturaleza social y buscar más libertad individual, eligiendo la satisfacción de las necesidades de todos. Incluso habrá que estar dispuesto a renunciar, a cambiar de condición social, a compartir lo conseguido… No será fácil olvidar el beneficio propio, pero hay que hacerlo.

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Andrés García

voluntario de 2Orillas, participa de la columna de prensa "La otra orilla" y del programa de radio "Señales de Humo"

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