El coro de la cárcel

Aún ando en estado de shock después de haber conocido el programa que esta noche estrena la televisión pública, nuestra TVE, en horario de máxima audiencia, y por su Primera cadena.

Sí, esta noche, primer capítulo de esta vergüenza, retransmitida por la TVE, esa misma que iba a abandonar la telebasura… Permanezcan atentos a sus pantallas.

Escribir esto sin haber visto ni siquiera unos minutos de programa, podría parecer arriesgado, pero entiendo que no lo es tanto. Y es que lo impresentable, lo increíble, es que hayamos llegado, ya, hasta aquí.

Un programa de tele-realidad, es decir de ficción mostrada como realidad, de realidad trastocada para hacerla interesante, o sea, para vender morbo, no debería cruzar determinados límites.

Jugar con personas que se encuentran en una situación de privación de libertad, sometidos a la disciplina carcelaria, y sufriendo, por tanto, la inevitable prisionización, es inaceptable. Que sea la televisión pública la que da el cante de esta forma, ya roza lo criminal.

Dice la “renovadora” Gallizo que “es una aventura”, y dice el director de Programación de la TVE que es un “programa valiente”. Pues no estoy de acuerdo, en absoluto. En primer lugar, las aventuras que las desarrolle la señora directora en el monte, y con sus amigos, porque la reinserción de presos es algo muy serio, una obligación que desde la DGIP se tiene bastante abandonada históricamente, y que no parece que se resuelva con este valiente programa.

En segundo lugar, la valentía del programa, sin haberlo visto, ya resulta falsa. Sería valiente hablar sin tapujos y con la verdad por delante, de los verdaderos problemas de la cárcel. No es valiente coger a diez conejillos de indias y pasearlo por las pantallas de nuestras casas ensayando bonitas canciones. Sería valiente hablar de drogas, de cómo se genera por arte de magia en patios y chabolos sin que nadie la haya introducido en prisión. De cómo se vulneran una y otra vez derechos humanos de las personas presas, como se producen malos tratos, como se impide que las personas enfermas sean tratadas adecuadamente… eso sería valiente. Y sería valiente hacerlo en un formato serio, por favor, en un debate real, no en un maldito show.

Descubrimos la valentía de la propuesta cuando la Sra. Gallizo, tan moderna ella, exige como primera condición, que se seleccione a los artistas, no por sus cualidades cantoras, ni mucho menos. Y es que se vetó a todos aquellos cuyos delitos pudieran tener “especial gravedad o producir alarma social”, porque había que transmitir la imagen “del ciudadano medio que está privado de libertad y cumple condena en un centro penitenciario”. O sea, ¿hay que esconder que en la cárcel hay gente que ha cometido delitos graves, delitos feos? Más, ¿de lo que se trata, por tanto, es de transmitir una imagen? Tal vez, lo que ocurre es que en este “experimento” se trata de decirnos bien a las claras, que los esfuerzos rehabilitadores de nuestra administración van dirigidos a un perfil muy específico de personas presas. Y esto, partiendo de la base de que los esfuerzo rehabilitadores de nuestras instituciones prácticamente no existen.

La segunda condición también es muy buena. Que sea una Psicóloga de la DGIP la que colabore en el proyecto, porque claro, dice la señora directora que a través de su trabajo, la institución quiere trasmitir “que tenemos estupendos profesionales volcados en cumplir los objetivos de reinsertar y reeducar a las personas que han cometido delitos”. La desvergüenza, a veces no tiene límites, como la estupidez. A la Sra. Gallizo nadie le ha pedido que nos demuestre por la tele estas cuestiones. La Sra. Gallizo tiene los medios políticos, y sobretodo presupuestarios, para demostrar esta voluntad de otra manera más sencilla. Rehabilitando, vaya. Y no a diez. No. A muchos más… ¿Qué tal si intentaran rehabilitar a todos? Sin excepción. Esa sí que sería una noticia digna de ser televisada. Pero esa voluntad, tan valiente y tan real, queda lejos de estos hipócritas farsantes…

Podría seguir, pero mejor dejarlo…

Yo, sinceramente, tengo previsto salir de mi estado de shock muy pronto, y entonces estaré realmente indignado.

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Dos Orillas

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