El cuento de la privatización

El último informe del Tribunal de Cuentas acerca de lo que ha supuesto la privatización de algunos servicios públicos en nuestro país: encarecimiento del servicio y peores prestaciones, no ha hecho más que confirmar lo que muchos de nosotros pensábamos, que la privatización sólo sirve para el enriquecimiento de unos pocos a costa del empobrecimiento de muchos. Porque empobrecimiento es que nos suban la factura del agua, que las basuras no se recojan todos los días o que se reduzcan las plantillas y el sueldo de los trabajadores.

En los tiempos que vivimos, la máxima de las empresas privadas tiene más que ver con la obtención de los máximos beneficios y la reducción de los costes. Y el nombre de esos procedimientos es destrucción de empleo –ERES a diestro y siniestro-, bajada de sueldos, mínimas inversiones. Es lo que tiene el gusto por lo privado de nuestros gobernantes, que sólo beneficia a amigos y poderosos, mientras la población se hunde en la miseria y la pobreza: cuatro millones de personas viven en pobreza energética, mientras nuestro gobierno sube un dos por ciento las tarifas eléctricas y nuestro ayuntamiento un dos por ciento la factura del agua.

Están vendiendo España, ellos y ellas que son tan patriotas: Nova Caixa Galicia fue reflotada con nueve millones del erario público, es decir de todos nosotros, y ahora ha sido vendida por un millón de euros. ¿Qué pasa con los ocho millones de diferencia? Me temo que lo hemos perdido como se perdió Cuba. Más todavía: han privatizado los servicios de lavandería de los hospitales públicos madrileños, la empresa privada que se encarga ahora de lavar la ropa, llena de sangre, bacterias y microorganismos propios de hospitales donde hay enfermos, lo hace en hangares donde también se descargan frutas y alimentos, con el consiguiente riesgo alimentario… Viva la privatización que nos quita el dinero y nos envenena poco a poco.

Vendamos España a los amiguetes y a los ladrones que empezaron con la prima de riesgo y ahora están acabando con la sanidad, la educación , las pensiones, los centros asistenciales, el transporte…, con todo lo público. Nosotros seguimos tranquilamente adormilados en nuestros sillones. ¿Qué más tiene que pasar para empezar a romper cosas? Ellos ya se están preparando con camiones de agua a presión que cuestan medio millón de euros…

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Dimas Haba

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