El cura y el elefante

Se nos llena la boca hablando de concordia, integración o ecumenismo pero, a la hora de la verdad, qué difícil resulta poder practicarla de forma coherente. Bien lo sabe el pobre cura de la Parroquia de Ntra. Sra. de África, patrona de la ciudad fronteriza, al que han obligado a dimitir desde la Diócesis de Cádiz, después de haber tenido la osadía de permitir que la Divinidad hindú Ganesh (el Dios con cabeza de elefante, “Conciencia suprema que todo lo impregna”) cruzara el umbral del templo donde se venera a la Virgen ceutí, en un encuentro que se venía celebrando desde hace ocho años.

Cualquiera que conozca la realidad de ese enclave español en un sitio tan
complejo, sabrá de la existencia, de forma natural, de una nutrida
comunidad musulmana, lo que se da por descontado, pero también judía e
hindú. Como tal existe un acuerdo de coexistencia donde no se pretende
imponer sino aceptar. Son vecinos y creen distinto, y eso enriquece una
cultura de convivencia con siglos de Historia; desde que Hércules separó
las dos columnas de entrada al Mediterráneo.

La Iglesia española está poco acostumbrada (aún) a la diversidad; pesa la
losa de la expulsión de judíos y moriscos, la Inquisición, la condena y
castigo al diferente. Siempre se ha sentido a gusto con “el monopolio” de
las creencias, olvidándose que el hinduismo, como otras tantas religiones,
es profesado por millones de personas en el mundo, con una sabiduría y
experiencia milenaria.

Si alguien tiene la tentación de considerar a Ganesh una deidad carente de
fundamento, habría que recordarle cómo la Iglesia ha mercadeado con
reliquias de todo tipo, algunas de dudosa procedencia o de dudoso gusto
(como el prepucio del niño Jesús), o permite el culto, por ejemplo, a San
Cristóbal, el conocido patrón de los transportistas, a pesar de que no
existen evidencias de su existencia terrenal. La madeja de advocaciones y
santorales populares en ocasiones está en el límite de la adoración
pagana, tan alejada de Jesús y su Evangelio.

No me veo con capacidad de hablar de razón, o de religión “auténtica”,
creo más bien en la necesidad de trascendencia que el ser humano siempre
ha buscado, en la espiritualidad como tratado para despegarse de lo
meramente material y creo que, si hubiera nacido en Bombay, probablemente
sería hinduista. No defendamos la religión como si fuera una propiedad
privada, no hay una “Verdad”, Dios no es tan limitado.

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Victor Rodríguez

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