El derecho a pensar

Nos acercamos a esa fecha tan reconocida para la vida de esta provincia como fue el tres de marzo, en perpetuo recuerdo a lo que fue el de 1988, cuando toda Huelva reclamó lo que por aquel entonces parecía algo tan alejado para las pretensiones de una ciudad tan gris, contaminada y abandonada como lo era ésta en aquellos tiempos. Y dice mucho de los onubenses que fuera la educación lo que nos uniera, en un unívoco paso a la modernidad. Dicen las malas lenguas que a los policías se les requirió para actuar como antidisturbios ante una hipotética algarada juvenil que destrozara lo poco de valor del mobiliario urbano existente (supongo que la memoria del Madrid de 1987 y del “Cojo manteca” debía influir en los mandos policiales) y que tanto nacionales como civiles se negaron, alegando que ellos irían a la manifestación porque querían darle a sus hijos un futuro digno, así que hubo que importar los cascos y las porras de otras provincias, a las que poco o nada les importaba que aquí pudieran ir a la universidad jóvenes sin recursos económicos, residentes en el Andévalo o en Pérez Cubillas, por poner un ejemplo. También se le atragantó la reivindicación a algún dirigente político que veía “inviable” la reclamación de la educación superior o que, más bien, no se quería enemistar con el aparato de un partido que, por aquellos tiempos, era hegemónico y todopoderoso. Lo cierto es que al final se consiguió.

Siempre he pensado que es la única vez que la Junta de Andalucía ha volcado el beneficio de la duda del lado onubense, aún descafeinándolo en el lote de Jaén y Almería.

Pasado el tiempo la Universidad de Huelva ha permitido a muchas personas acercarse al saber; no sólo a jóvenes, también están los posgrados e incluso el aula de la experiencia o los grupos de investigación. Un gran caudal de posibilidades, no sólo laborales, sino acaso lo más importante, un gran caudal de pensamiento, de hacerse preguntas y poderlas confrontar con la realidad. Ojalá ese fuera el principal objetivo de nuestra Universidad: incentivar el pensamiento crítico e inconformista, más allá del ansiado puesto de trabajo o del emprendimiento (¡qué hartura de palabra!) al calor de las nuevas tecnologías. Ojalá podamos recuperar ese espíritu que nos ha traído hasta aquí. Se supone que en Huelva nos levantamos poco, pues ya toca que nos levantemos otra vez, que falta hace.

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Victor Rodríguez

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