El desmantelamiento de la Educación

De un tiempo a esta parte asistimos impertérritos al desmantelamiento del Estado del Bienestar. Al principio los desmantelados fueron los Servicios Sociales, de los que el Estado fue desprendiéndose poco a poco, dejándolos en manos de organizaciones no gubernamentales, es decir, de organizaciones privadas. Los empobrecidos no interesaban, costaban demasiado y no aportaban ninguna rentabilidad. Los Servicios Sociales quedaron reducidos a la mínima expresión.

Posteriormente se empezó a meter mano a la sanidad pública, desprestigiándola, hablando del copago sanitario, fomentando los seguros médicos, invirtiendo en hospitales privados en lugar de construir hospitales públicos, dando incentivos por productividad que lo único que lograban era que los médicos fueran reacios a derivar a sus pacientes al especialista o a recetar más de la cuenta, etcétera, etcétera. El ataque a la sanidad pública aún no ha terminado: basta con mirar hacia Madrid o Cataluña para saber lo que vendrá detrás.

Ahora le toca el turno a la Educación. Hemos empezado con referencias irónicas a lo poco que trabajan los profesores, a las vacaciones que tienen o al alarmante fracaso escolar que presenta nuestro país. Estas ideas van calando en la sociedad y van creando un estado de opinión favorable a los intereses privatizadores, que intentan ese desprestigio de lo público para enriquecerse a costa de los ciudadanos.

No voy a justificar aquí la jornada de trabajo del profesorado, que no se reduce a las horas lectivas. Tampoco voy a entrar en la dificultad de trabajar con alumnos y alumnas desmotivados y reacios a la autoridad. Ni siquiera voy a criticar las elevadas ratios que se encuentran esos profesores. Porque de lo que hay que hablar es de los recortes que la educación pública viene sufriendo año tras año; de la potenciación de los centros privados o concertados en detrimento de la escuela pública; de la falta de apoyo a la integración, de la insuficiente dotación de muchos colegios e institutos, de la tardanza en cubrir las bajas.

Todo eso es lo que va deteriorando la enseñanza pública. Y ahora llega el momento de lanzar la artillería pesada: de desprestigiar a los profesionales, de manipular con datos falsos; en definitiva, de desmantelar el sistema educativo. Es verdad que éste tiene muchos fallos, pero también ha logrado que en este país pueda estudiar de forma gratuita y obligatoria todo el mundo, independientemente de su condición social, y a eso no podemos renunciar, no debemos renunciar. Si el Estado no está para ofrecer cobertura sanitaria y educativa no está para nada, y lo siguiente, por tanto, sería eliminarlo, dejarlo en manos de multinacionales, banqueros o especuladores. Y eso da miedo.

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Dimas Haba

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