El destino ideal

Cuando, hace nueve años, los que gestionaban la crisis de Acerinox se preguntaron qué hacer con las siete mil ciento treinta y una toneladas de materiales contaminados por cesio 137 -radiactivo- debieron tener claro que el destino ideal era una provincia con un largo historial de sumisión a todo tipo de canalladas ecológicas, cuyos habitantes habían aceptado con clara resignación las teleras del tiempo de los ingleses, que se habían ilusionado con la implantación de un Polo Industrial que otras provincias no habían aceptado, que convivían pacíficamente con los olores de la celulosa, con una de las mayores refinerías de Europa y uno de los mayores cementerios de residuos industriales del mundo, el de los fosfoyesos. Como el asunto estaba en ocultar un desastre que había atravesado -vía nube tóxica- media Europa, parecía claro que el destino ideal de aquella escoria era la Marisma de ese río que se parece tanto a Marte, puesto que tratarlos como residuos nucleares colapsaría El Cabril lo mejor era que el problema quedara camuflado entre tantos y tantos problemas ecológicos, total por uno más… Quedaba claro que Huelva era -y es- el destino ideal. Lo que todavía parece que no tienen demasiado claro es qué hacer con las consecuencias de tanto desaguisado, con el índice de cáncer, con una ría tóxica, … Lo que me recuerda que sólo quedan siete días para que tengamos otra oportunidad de protestar por todo esto.

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Javier Rodríguez

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